Con casi dos décadas dominando la industria musical pop global, Lady Gaga ha consolidado su presencia como una de las voces más influyentes de nuestro tiempo. Pero la artista neoyorquina ha ido mucho más allá del escenario: en sus conciertos y en su vida pública, ha convertido su plataforma en un espacio para la reflexión social y política. Recientemente, durante una presentación en el Tokyo Dome de Japón, utilizó el momento para dirigirse a su audiencia sobre temas que van mucho más allá de la música.
El concierto como herramienta de expresión social
Inmersa en la gira de su álbum Mayhem, Lady Gaga tomó la decisión de pausar uno de sus conciertos en el Tokyo Dome para abordar lo que describió como “algo extremadamente importante”. La artista, cuyo nombre real es Stefani Germanotta, reconoció que estaba a punto de regresar a Estados Unidos para asistir a los premios Grammy, donde se esperaba que compitiera por múltiples nominaciones. Sin embargo, su mente estaba en otro lugar.
“Algo importante para la gente de todo el mundo, y especialmente para los estadounidenses en este momento”, expresó la cantante ante una audiencia respetuosa. Lo que siguió fue un discurso de más de dos minutos y medio que tocaría los nervios de la nación estadounidense. “En un par de días voy a volver a casa y me duele el corazón pensando en la gente, los niños, las familias de todo Estados Unidos que están siendo perseguidos sin piedad por el ICE”, señaló, refiriéndose al Servicio de Inmigración y Control de Aduanas.
El mensaje sobre la crisis humanitaria
Lady Gaga no solo mencionó la situación migratoria: también expresó su preocupación por los eventos ocurriendo en Minneapolis, un estado donde tenía programadas presentaciones posteriores. “Cuando comunidades enteras pierden su sentido de seguridad y de pertenencia, algo se rompe en todos nosotros”, reflexionó, sentada al piano en uno de los momentos más íntimos de toda la presentación.
El discurso fue pensado y emotivo. “Pienso en todo su dolor y en cómo se están destrozando vidas justo enfrente de nosotros”, continuó la artista, visiblemente conmovida. Luego dedicó la canción “Come to Mama” a “todos aquellos que sufren, a los que se sienten solos y sin ayuda, a quienes han perdido a un ser querido y pasan por momentos difíciles, momentos insoportables”.
Artistas en la primera línea del activismo
Lady Gaga no está sola en su decisión de utilizar sus conciertos y plataforma artística para protestar. El legendario Bruce Springsteen también alzó su voz de manera similar, lanzando la canción “Streets of Minneapolis” como acto de protesta contra las políticas de control migratorio y en memoria de ciudadanos estadounidenses asesinados en enfrentamientos recientes.
Lo que conecta a estos artistas es una larga tradición de utilizar los conciertos y la música como herramientas de cambio social. Lady Gaga, en particular, ha sido consistente en sus posiciones políticas a lo largo de los años, demostrando un compromiso que va más allá de las notas musicales.
Una trayectoria de compromiso político
La historia de Lady Gaga con la política se remonta años atrás. Cuando Joe Biden era vicepresidente bajo la administración de Barack Obama, la artista se unió a él para apoyar a las víctimas de abuso sexual, contribuyendo a la creación de centros de apoyo. Posteriormente, cuando Biden se convirtió en candidato presidencial, Lady Gaga cantó en su último acto de campaña en 2020, lo que resultó en críticas públicas de Donald Trump.
Tras la victoria electoral, Biden la seleccionó para interpretar el himno nacional en su toma de posesión como 46º presidente de Estados Unidos en enero de 2021. En abril de 2023, el presidente la nombró copresidenta del Comité de Artes y Humanidades, posición que la colocó como asesora de autoridades presidenciales y agencias culturales estadounidenses. Junto a Lady Gaga fueron nombrados otros figuras destacadas del entretenimiento como Kerry Washington, George Clooney y Jennifer Garner.
El poder duradero de los conciertos como plataforma
Lo que sucedió en el Tokyo Dome fue más que un momento emocional dentro de un concierto: fue un recordatorio del poder que tienen los artistas para influir en conversaciones sociales críticas. En una era donde la música y el entretenimiento son parte central de la experiencia cultural, los conciertos se convierten en espacios donde se pueden expresar preocupaciones colectivas.
Lady Gaga cerró su mensaje en el concierto con palabras que reflejaban tanto esperanza como urgencia: “Necesitamos volver a un lugar seguro, en paz y con responsabilidad. Las buenas personas no deberían tener que luchar tan duro y arriesgar sus vidas por el bienestar y el respeto”. Terminó con un llamado directo a los líderes políticos: “Espero que nuestros líderes estén escuchando. Espero que estén escuchando nuestra petición de que cambien con agilidad su forma de actuar”.
La manera en que Lady Gaga utiliza sus conciertos para conectar con audiencias globales demuestra que la música sigue siendo uno de los vehículos más poderosos para la expresión política y social, transformando cada presentación en un acto de comunicación que trasciende las fronteras y los géneros.
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Lady Gaga takes her concerts beyond music: a political protest act
Con casi dos décadas dominando la industria musical pop global, Lady Gaga ha consolidado su presencia como una de las voces más influyentes de nuestro tiempo. Pero la artista neoyorquina ha ido mucho más allá del escenario: en sus conciertos y en su vida pública, ha convertido su plataforma en un espacio para la reflexión social y política. Recientemente, durante una presentación en el Tokyo Dome de Japón, utilizó el momento para dirigirse a su audiencia sobre temas que van mucho más allá de la música.
El concierto como herramienta de expresión social
Inmersa en la gira de su álbum Mayhem, Lady Gaga tomó la decisión de pausar uno de sus conciertos en el Tokyo Dome para abordar lo que describió como “algo extremadamente importante”. La artista, cuyo nombre real es Stefani Germanotta, reconoció que estaba a punto de regresar a Estados Unidos para asistir a los premios Grammy, donde se esperaba que compitiera por múltiples nominaciones. Sin embargo, su mente estaba en otro lugar.
“Algo importante para la gente de todo el mundo, y especialmente para los estadounidenses en este momento”, expresó la cantante ante una audiencia respetuosa. Lo que siguió fue un discurso de más de dos minutos y medio que tocaría los nervios de la nación estadounidense. “En un par de días voy a volver a casa y me duele el corazón pensando en la gente, los niños, las familias de todo Estados Unidos que están siendo perseguidos sin piedad por el ICE”, señaló, refiriéndose al Servicio de Inmigración y Control de Aduanas.
El mensaje sobre la crisis humanitaria
Lady Gaga no solo mencionó la situación migratoria: también expresó su preocupación por los eventos ocurriendo en Minneapolis, un estado donde tenía programadas presentaciones posteriores. “Cuando comunidades enteras pierden su sentido de seguridad y de pertenencia, algo se rompe en todos nosotros”, reflexionó, sentada al piano en uno de los momentos más íntimos de toda la presentación.
El discurso fue pensado y emotivo. “Pienso en todo su dolor y en cómo se están destrozando vidas justo enfrente de nosotros”, continuó la artista, visiblemente conmovida. Luego dedicó la canción “Come to Mama” a “todos aquellos que sufren, a los que se sienten solos y sin ayuda, a quienes han perdido a un ser querido y pasan por momentos difíciles, momentos insoportables”.
Artistas en la primera línea del activismo
Lady Gaga no está sola en su decisión de utilizar sus conciertos y plataforma artística para protestar. El legendario Bruce Springsteen también alzó su voz de manera similar, lanzando la canción “Streets of Minneapolis” como acto de protesta contra las políticas de control migratorio y en memoria de ciudadanos estadounidenses asesinados en enfrentamientos recientes.
Lo que conecta a estos artistas es una larga tradición de utilizar los conciertos y la música como herramientas de cambio social. Lady Gaga, en particular, ha sido consistente en sus posiciones políticas a lo largo de los años, demostrando un compromiso que va más allá de las notas musicales.
Una trayectoria de compromiso político
La historia de Lady Gaga con la política se remonta años atrás. Cuando Joe Biden era vicepresidente bajo la administración de Barack Obama, la artista se unió a él para apoyar a las víctimas de abuso sexual, contribuyendo a la creación de centros de apoyo. Posteriormente, cuando Biden se convirtió en candidato presidencial, Lady Gaga cantó en su último acto de campaña en 2020, lo que resultó en críticas públicas de Donald Trump.
Tras la victoria electoral, Biden la seleccionó para interpretar el himno nacional en su toma de posesión como 46º presidente de Estados Unidos en enero de 2021. En abril de 2023, el presidente la nombró copresidenta del Comité de Artes y Humanidades, posición que la colocó como asesora de autoridades presidenciales y agencias culturales estadounidenses. Junto a Lady Gaga fueron nombrados otros figuras destacadas del entretenimiento como Kerry Washington, George Clooney y Jennifer Garner.
El poder duradero de los conciertos como plataforma
Lo que sucedió en el Tokyo Dome fue más que un momento emocional dentro de un concierto: fue un recordatorio del poder que tienen los artistas para influir en conversaciones sociales críticas. En una era donde la música y el entretenimiento son parte central de la experiencia cultural, los conciertos se convierten en espacios donde se pueden expresar preocupaciones colectivas.
Lady Gaga cerró su mensaje en el concierto con palabras que reflejaban tanto esperanza como urgencia: “Necesitamos volver a un lugar seguro, en paz y con responsabilidad. Las buenas personas no deberían tener que luchar tan duro y arriesgar sus vidas por el bienestar y el respeto”. Terminó con un llamado directo a los líderes políticos: “Espero que nuestros líderes estén escuchando. Espero que estén escuchando nuestra petición de que cambien con agilidad su forma de actuar”.
La manera en que Lady Gaga utiliza sus conciertos para conectar con audiencias globales demuestra que la música sigue siendo uno de los vehículos más poderosos para la expresión política y social, transformando cada presentación en un acto de comunicación que trasciende las fronteras y los géneros.