Muchos chicos, al crecer, no confiesan sus sentimientos, en realidad no es porque sean más maduros o racionales, sino porque durante la adolescencia les faltó una práctica importante. Confesar es esencialmente aprender cómo decir lo que te gusta, cómo afrontar la incertidumbre y cómo mantener la autoestima después de ser rechazado. Pero en un entorno donde solo se valoran las calificaciones y se teme cometer errores, expresar sentimientos se convierte en una acción de alto riesgo, por lo que muchas personas optan por el silencio y la evasión. El resultado es que, al crecer, no saben cómo expresar sus necesidades y emociones, en las relaciones cercanas tienden a malinterpretar, evadir, e incluso a depositar sus emociones en el mundo virtual. Lo que realmente se necesita no es que los jóvenes sean más reprimidos, sino ofrecerles un espacio más seguro para intentar expresarse, aprender a gustar y ser rechazados con dignidad, y así, poco a poco, crecer en el proceso.
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Muchos chicos, al crecer, no confiesan sus sentimientos, en realidad no es porque sean más maduros o racionales, sino porque durante la adolescencia les faltó una práctica importante. Confesar es esencialmente aprender cómo decir lo que te gusta, cómo afrontar la incertidumbre y cómo mantener la autoestima después de ser rechazado. Pero en un entorno donde solo se valoran las calificaciones y se teme cometer errores, expresar sentimientos se convierte en una acción de alto riesgo, por lo que muchas personas optan por el silencio y la evasión. El resultado es que, al crecer, no saben cómo expresar sus necesidades y emociones, en las relaciones cercanas tienden a malinterpretar, evadir, e incluso a depositar sus emociones en el mundo virtual. Lo que realmente se necesita no es que los jóvenes sean más reprimidos, sino ofrecerles un espacio más seguro para intentar expresarse, aprender a gustar y ser rechazados con dignidad, y así, poco a poco, crecer en el proceso.