¿Cómo hacer que los niños tengan “espíritu”? En realidad, se trata de que los niños aprendan lentamente a conocerse a sí mismos, a percatarse de sí mismos, a ser responsables de sus propias acciones y emociones, y no ser llevados por las emociones y el entorno. Esta capacidad de los niños suele venir de la influencia de los padres. Si los padres están dispuestos a conversar con los niños no solo sobre estudios y calificaciones, sino también a guiar a los niños en la percepción de sus propias emociones, pensamientos y cambios internos en la vida cotidiana, permitiéndoles entender qué es la bondad, el amor y la elección, los niños aprenderán gradualmente a mirar hacia adentro, a entender por qué están felices, por qué están enojados, y también a aprender a controlarse y a tomar decisiones. En pocas palabras, un niño con “espíritu” es más consciente, tiene más carácter, sabe qué quiere y qué no quiere, puede luchar con esfuerzo por sus objetivos y también puede soltar con tranquilidad. Y todo esto, generalmente comienza con que los padres aprendan primero a percatarse de sí mismos y a comunicarse con los niños de una manera más cálida y comprensiva.
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¿Cómo hacer que los niños tengan “espíritu”? En realidad, se trata de que los niños aprendan lentamente a conocerse a sí mismos, a percatarse de sí mismos, a ser responsables de sus propias acciones y emociones, y no ser llevados por las emociones y el entorno. Esta capacidad de los niños suele venir de la influencia de los padres. Si los padres están dispuestos a conversar con los niños no solo sobre estudios y calificaciones, sino también a guiar a los niños en la percepción de sus propias emociones, pensamientos y cambios internos en la vida cotidiana, permitiéndoles entender qué es la bondad, el amor y la elección, los niños aprenderán gradualmente a mirar hacia adentro, a entender por qué están felices, por qué están enojados, y también a aprender a controlarse y a tomar decisiones. En pocas palabras, un niño con “espíritu” es más consciente, tiene más carácter, sabe qué quiere y qué no quiere, puede luchar con esfuerzo por sus objetivos y también puede soltar con tranquilidad. Y todo esto, generalmente comienza con que los padres aprendan primero a percatarse de sí mismos y a comunicarse con los niños de una manera más cálida y comprensiva.