Lo que se llama grandes personajes no son más que prisioneros con deseos más fuertes. Cuando ves los piojos bajo sus lujosos ropajes, tu actitud cambia. Sin haber visto el mal en su máxima expresión, no tienes derecho a hablar de bondad: él sabe dónde están las trampas, dónde están las debilidades, puede protegerse a sí mismo y también puede, en la medida de sus fuerzas, echar una mano a los demás.
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Lo que se llama grandes personajes no son más que prisioneros con deseos más fuertes. Cuando ves los piojos bajo sus lujosos ropajes, tu actitud cambia. Sin haber visto el mal en su máxima expresión, no tienes derecho a hablar de bondad: él sabe dónde están las trampas, dónde están las debilidades, puede protegerse a sí mismo y también puede, en la medida de sus fuerzas, echar una mano a los demás.