Muchas personas no saben que lo que realmente determina el rumbo del destino de una persona no es cuántas dificultades ha enfrentado, sino cómo las comprende y las interpreta. Desde un estudio psicológico profesional, la velocidad de crecimiento de una persona no está en proporción con la cantidad de sufrimiento. Lo que realmente decide, son tres mecanismos psicológicos clave. Primero, la evaluación cognitiva. Cuando aparece una dificultad, el cerebro la define inmediatamente: ¿es una amenaza o una información? ¿Es un fracaso o una retroalimentación? ¿Es una vergüenza o una pista para “qué debe corregirse en el próximo paso”? Este modo de evaluación, en realidad, determina el límite de tu estructura mental. El mismo evento, diferentes interpretaciones, conducen directamente a caminos de desarrollo completamente distintos. Segundo, la construcción de significado. Un mismo evento incontrolable, algunas personas lo incorporarán en su historia de vida como evidencia de “no soy digno” o “no puedo”, mientras que otras, a través de ese evento, reconstruirán su marco de comprensión sobre sí mismas, sobre el mundo y sobre los demás. Desde un punto de vista profesional, esto no es simplemente optimismo o auto consuelo, sino una capacidad estructural de procesamiento psicológico: si puedes extraer orden del caos, encontrar significado en la falta de sentido, eso determina si realmente has superado esa experiencia. Tercero, la integración del yo. El crecimiento no consiste en hacer desaparecer el sufrimiento, sino en que el sufrimiento deje de destruir el yo. Cuando una persona puede integrar experiencias de fracaso, frustración y rechazo en su sistema narrativo, y convertirlo en parte de su estructura de personalidad, en lugar de una sombra o trauma duradero, entonces entra en la vía del desarrollo maduro. Por lo tanto, la esencia del crecimiento nunca ha sido reparar el mundo exterior, sino reestructurar la estructura interna. Lo que realmente cambia a una persona no es lo que ha experimentado, sino cómo comprende esas experiencias. Lo que cambias es tu forma de interpretar, tu sistema de significado, tu modelo de hipótesis sobre el mundo. Cuando estas estructuras internas cambian, en ese momento, el crecimiento en realidad ya ha ocurrido. La resolución de las dificultades no es lo clave; lo importante es si, en medio de esas dificultades, te has convertido en una persona que entiende mejor el mundo, a los demás y a ti mismo. Si quieres, tu vida puede comenzar a ser redefinida desde este mismo instante.
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Muchas personas no saben que lo que realmente determina el rumbo del destino de una persona no es cuántas dificultades ha enfrentado, sino cómo las comprende y las interpreta. Desde un estudio psicológico profesional, la velocidad de crecimiento de una persona no está en proporción con la cantidad de sufrimiento. Lo que realmente decide, son tres mecanismos psicológicos clave. Primero, la evaluación cognitiva. Cuando aparece una dificultad, el cerebro la define inmediatamente: ¿es una amenaza o una información? ¿Es un fracaso o una retroalimentación? ¿Es una vergüenza o una pista para “qué debe corregirse en el próximo paso”? Este modo de evaluación, en realidad, determina el límite de tu estructura mental. El mismo evento, diferentes interpretaciones, conducen directamente a caminos de desarrollo completamente distintos. Segundo, la construcción de significado. Un mismo evento incontrolable, algunas personas lo incorporarán en su historia de vida como evidencia de “no soy digno” o “no puedo”, mientras que otras, a través de ese evento, reconstruirán su marco de comprensión sobre sí mismas, sobre el mundo y sobre los demás. Desde un punto de vista profesional, esto no es simplemente optimismo o auto consuelo, sino una capacidad estructural de procesamiento psicológico: si puedes extraer orden del caos, encontrar significado en la falta de sentido, eso determina si realmente has superado esa experiencia. Tercero, la integración del yo. El crecimiento no consiste en hacer desaparecer el sufrimiento, sino en que el sufrimiento deje de destruir el yo. Cuando una persona puede integrar experiencias de fracaso, frustración y rechazo en su sistema narrativo, y convertirlo en parte de su estructura de personalidad, en lugar de una sombra o trauma duradero, entonces entra en la vía del desarrollo maduro. Por lo tanto, la esencia del crecimiento nunca ha sido reparar el mundo exterior, sino reestructurar la estructura interna. Lo que realmente cambia a una persona no es lo que ha experimentado, sino cómo comprende esas experiencias. Lo que cambias es tu forma de interpretar, tu sistema de significado, tu modelo de hipótesis sobre el mundo. Cuando estas estructuras internas cambian, en ese momento, el crecimiento en realidad ya ha ocurrido. La resolución de las dificultades no es lo clave; lo importante es si, en medio de esas dificultades, te has convertido en una persona que entiende mejor el mundo, a los demás y a ti mismo. Si quieres, tu vida puede comenzar a ser redefinida desde este mismo instante.