Si se dice que el acoso de los profesores ocurre en el sistema, y el acoso entre iguales en el grupo, entonces hay otro tipo de acoso más oculto y también más difícil de escapar, que sucede dentro de las relaciones cercanas, especialmente en la familia. La cuestión de si constituye acoso no radica en la forma, sino en la función: siempre que una relación mantenga durante mucho tiempo una desigualdad de poder elevada, reglas unidireccionales, y los débiles no puedan reclamar ni retirarse, en su estructura es acoso. Las manifestaciones comunes del acoso implícito en la familia incluyen: 1. Privación del derecho a explicar: las acciones y sentimientos del niño son definidos unilateralmente por los padres, la explicación se considera una respuesta desafiante, y la subjetividad se cancela continuamente. 2. Responsabilidad constante y descendente: en los conflictos se asume que el niño tiene la culpa, y las emociones y presiones de los padres se transfieren hacia abajo. 3. Etiquetado de personalidad: los errores se revisan repetidamente, y finalmente se convierten en una definición negativa de “qué tipo de persona eres”. 4. Desprestigio público: mediante burlas, revelar defectos o comparaciones, se debilita la dignidad del niño frente a otros. 5. Reglas inciertas: los estándares cambian con las emociones, pero las acusaciones siempre son válidas, y el niño solo puede obedecer en exceso a la autoridad. 6. Cuidado condicional: la crianza y el esfuerzo se usan como fichas morales, intercambiando obediencia, rendimiento y actitud. Estas conductas, vistas aisladamente, no parecen intensas, pero tienen en común su carácter prolongado, unidireccional e irrefutable, por lo que constituyen acoso implícito. Las consecuencias son: el niño externaliza su autoevaluación a la autoridad, pierde límites y subjetividad, y de adulto teme los conflictos, se preocupa excesivamente por las evaluaciones, e incluso copia patrones de control. Cualquier forma de interacción familiar que, a largo plazo, haga que el niño pierda el derecho a explicar, los límites y la dignidad personal, ya sea en nombre del amor o de la responsabilidad, en función, es un acoso implícito.
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Si se dice que el acoso de los profesores ocurre en el sistema, y el acoso entre iguales en el grupo, entonces hay otro tipo de acoso más oculto y también más difícil de escapar, que sucede dentro de las relaciones cercanas, especialmente en la familia. La cuestión de si constituye acoso no radica en la forma, sino en la función: siempre que una relación mantenga durante mucho tiempo una desigualdad de poder elevada, reglas unidireccionales, y los débiles no puedan reclamar ni retirarse, en su estructura es acoso. Las manifestaciones comunes del acoso implícito en la familia incluyen: 1. Privación del derecho a explicar: las acciones y sentimientos del niño son definidos unilateralmente por los padres, la explicación se considera una respuesta desafiante, y la subjetividad se cancela continuamente. 2. Responsabilidad constante y descendente: en los conflictos se asume que el niño tiene la culpa, y las emociones y presiones de los padres se transfieren hacia abajo. 3. Etiquetado de personalidad: los errores se revisan repetidamente, y finalmente se convierten en una definición negativa de “qué tipo de persona eres”. 4. Desprestigio público: mediante burlas, revelar defectos o comparaciones, se debilita la dignidad del niño frente a otros. 5. Reglas inciertas: los estándares cambian con las emociones, pero las acusaciones siempre son válidas, y el niño solo puede obedecer en exceso a la autoridad. 6. Cuidado condicional: la crianza y el esfuerzo se usan como fichas morales, intercambiando obediencia, rendimiento y actitud. Estas conductas, vistas aisladamente, no parecen intensas, pero tienen en común su carácter prolongado, unidireccional e irrefutable, por lo que constituyen acoso implícito. Las consecuencias son: el niño externaliza su autoevaluación a la autoridad, pierde límites y subjetividad, y de adulto teme los conflictos, se preocupa excesivamente por las evaluaciones, e incluso copia patrones de control. Cualquier forma de interacción familiar que, a largo plazo, haga que el niño pierda el derecho a explicar, los límites y la dignidad personal, ya sea en nombre del amor o de la responsabilidad, en función, es un acoso implícito.