Mucha gente se pregunta: ya que muchos resultados importantes en la vida no ocurren según lo planeado, sino que surgen en desviaciones casuales del camino, ¿deberíamos seguir teniendo un propósito al hacer las cosas? ¿No será que el propósito, en lugar de ayudarnos, nos limita? Esta duda en sí misma es muy inteligente, pero está mal planteada en cuanto a nivel. La cuestión nunca es “¿debería tener propósito o no?”, sino en qué lugar deben situarse el propósito y la casualidad dentro de la estructura de la acción. Desde un punto de vista estructural, el propósito es una herramienta de expectativa hacia el futuro; su función es juzgar si un rumbo vale la pena para invertir en él. La casualidad, en cambio, no es algo que ocurra al azar, sino que casi siempre aparece dentro de un sistema que ya ha sido abierto por la acción. En otras palabras, la casualidad no surge cuando no se hace nada, sino que se genera naturalmente en el proceso de entrar en acción, avanzar de manera continua y mantener la apertura. La verdadera cuestión es: cuando el propósito interviene demasiado pronto o con demasiada fuerza en el proceso de la acción, comprime la apertura del sistema. La gente comienza a filtrar información, a rechazar posibilidades que se desvíen del objetivo, a evitar caminos inciertos pero potencialmente valiosos. Así, la casualidad no desaparece, sino que se excluye de antemano. Pero, por otro lado, si no hay dirección alguna y todo se deja al azar, el sistema no puede desarrollarse realmente por falta de inversión continua. Por lo tanto, una estructura de acción madura nunca es una elección binaria, sino que tiene una división clara de roles: antes de comenzar, el propósito se usa para calibrar la dirección y juzgar si vale la pena seguirla; durante la acción, el propósito abandona el control del proceso para mantener la apertura del sistema y permitir que surja la casualidad; al terminar la etapa, se vuelve a analizar el resultado, se entienden esas cosas que ocurrieron por casualidad y se usan para corregir la siguiente dirección. La altura no se “planifica”, sino que se genera dentro de la dirección. Entonces, ¿deberíamos tener propósito al hacer las cosas? La respuesta no es ni sí ni no, sino que el propósito se encarga de abrir la dirección, y la casualidad de elevar la altura. Si el propósito controla el proceso, puede sofocar las posibilidades; si solo calibra la dirección, en cambio, favorece la aparición de la casualidad. Muchas personas están atrapadas no por falta de esfuerzo ni por falta de fe en la casualidad, sino porque o bien usan el propósito para aplastar el mundo, o bien dejan todo en manos de la suerte. La acción verdaderamente madura consiste en dejar espacio para la casualidad dentro de la dirección.

Ver originales
Esta página puede contener contenido de terceros, que se proporciona únicamente con fines informativos (sin garantías ni declaraciones) y no debe considerarse como un respaldo por parte de Gate a las opiniones expresadas ni como asesoramiento financiero o profesional. Consulte el Descargo de responsabilidad para obtener más detalles.
  • Recompensa
  • Comentar
  • Republicar
  • Compartir
Comentar
0/400
Sin comentarios
  • Anclado

Opera con criptomonedas en cualquier momento y lugar
qrCode
Escanea para descargar la aplicación de Gate
Comunidad
Español
  • 简体中文
  • English
  • Tiếng Việt
  • 繁體中文
  • Español
  • Русский
  • Français (Afrique)
  • Português (Portugal)
  • Bahasa Indonesia
  • 日本語
  • بالعربية
  • Українська
  • Português (Brasil)