Tenemos miedo de perdernos. Perder un tren, a una persona, una tendencia, una era. Convertimos la vida en una gran caza de sombras y rumores, con las puntas de los dedos siempre deslizándose, el corazón suspendido en el aire, temiendo que al bajar la cabeza, el mundo cambie de repente. La cara oculta de este miedo es la superstición de la “posesión”, creyendo que solo al aferrarse y ver todo, estamos realmente vivos. Por eso acumulamos información, pero descuidamos el pensamiento; coleccionamos paisajes, pero olvidamos sentir. El verdadero costo de perderse quizás no radica en la cosa en sí, sino en cómo esa pérdida hace que nuestra “presencia” se vuelva tenue. El cuerpo está aquí, pero la mente siempre mira en otra parte. La verdadera pérdida no es no haber tenido, sino que cuando la belleza llega, ya hemos perdido la capacidad de resonar con ella. No es que la oportunidad no haya tocado a la puerta, sino que cuando llega, estamos con los auriculares puestos, sumergidos en el bullicio de otro lugar. Lo que más necesitamos practicar quizás no es cómo capturar más rápido, sino cómo sumergirnos más profundamente en el momento presente. Soltar la obsesión por la “omnisciencia y omnipotencia”, permitiéndonos perder algunas cosas. Descubrirás que ese espacio vacío justo permite que lo más importante eche raíces y florezca.
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Tenemos miedo de perdernos. Perder un tren, a una persona, una tendencia, una era. Convertimos la vida en una gran caza de sombras y rumores, con las puntas de los dedos siempre deslizándose, el corazón suspendido en el aire, temiendo que al bajar la cabeza, el mundo cambie de repente. La cara oculta de este miedo es la superstición de la “posesión”, creyendo que solo al aferrarse y ver todo, estamos realmente vivos. Por eso acumulamos información, pero descuidamos el pensamiento; coleccionamos paisajes, pero olvidamos sentir. El verdadero costo de perderse quizás no radica en la cosa en sí, sino en cómo esa pérdida hace que nuestra “presencia” se vuelva tenue. El cuerpo está aquí, pero la mente siempre mira en otra parte. La verdadera pérdida no es no haber tenido, sino que cuando la belleza llega, ya hemos perdido la capacidad de resonar con ella. No es que la oportunidad no haya tocado a la puerta, sino que cuando llega, estamos con los auriculares puestos, sumergidos en el bullicio de otro lugar. Lo que más necesitamos practicar quizás no es cómo capturar más rápido, sino cómo sumergirnos más profundamente en el momento presente. Soltar la obsesión por la “omnisciencia y omnipotencia”, permitiéndonos perder algunas cosas. Descubrirás que ese espacio vacío justo permite que lo más importante eche raíces y florezca.