Muchos padres chinos empujan a sus hijos de manera unánime hacia la escuela y la sociedad, como si así se completara la “educación”. Pero la escuela y la sociedad, nunca consideran a los hijos como personas, solo como indicadores, calificaciones o piezas reemplazables. Por eso, aquellos niños que originalmente eran alegres, optimistas y con sensibilidad, en repetidas ocasiones aplastados, podados y disciplinados, van perdiendo poco a poco su yo, volviéndose insensibles y sumisos, como marionetas a las que se les ordena y que pueden ser colocadas en cualquier momento. Cuando ya están casi agotados, el Estado y los padres vuelven a decirles: debes tener la capacidad de cuidar de ti mismo en la vejez, debes cargar con el futuro de tus padres. Mientras sistemáticamente les arrebatan la posibilidad de convertirse en “personas completas”, también les exigen asumir las responsabilidades más pesadas y maduras. Esto no es educación, es una depredación legal, a largo plazo y aceptada colectivamente.
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Muchos padres chinos empujan a sus hijos de manera unánime hacia la escuela y la sociedad, como si así se completara la “educación”. Pero la escuela y la sociedad, nunca consideran a los hijos como personas, solo como indicadores, calificaciones o piezas reemplazables. Por eso, aquellos niños que originalmente eran alegres, optimistas y con sensibilidad, en repetidas ocasiones aplastados, podados y disciplinados, van perdiendo poco a poco su yo, volviéndose insensibles y sumisos, como marionetas a las que se les ordena y que pueden ser colocadas en cualquier momento. Cuando ya están casi agotados, el Estado y los padres vuelven a decirles: debes tener la capacidad de cuidar de ti mismo en la vejez, debes cargar con el futuro de tus padres. Mientras sistemáticamente les arrebatan la posibilidad de convertirse en “personas completas”, también les exigen asumir las responsabilidades más pesadas y maduras. Esto no es educación, es una depredación legal, a largo plazo y aceptada colectivamente.