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Hutchison y Hardline contra el gobierno de Panamá: después de que el puerto fuera ocupado ilegalmente, reclaman 2,000 millones, la línea de la legalidad no puede ser ignorada
Pregunta a la IA · ¿Qué hay detrás de la conducta contradictoria del gobierno de Panamá al hacerse cargo de los puertos?
La imagen podría haber sido generada por IA
Recientemente, Cheung Kong, un conglomerado controlado por la familia Li Ka-shing (00001.HK), volvió a publicar un comunicado sobre el asunto de que dos grandes puertos operados por su empresa de puertos en Panamá (PPC) fueron tomados por la fuerza. En el comunicado, la empresa criticó duramente al gobierno panameño por seguir ignorando el Estado de derecho, dañando la reputación de la inversión extranjera, y dejó claro que no dará un paso atrás en el marco del arbitraje internacional para reclamar al menos 2.000 millones de dólares en concepto de indemnización. La disputa en torno a los puertos estratégicos del Canal de Panamá no solo concierne a los intereses de las empresas, sino que también influye en la confianza de los inversores extranjeros a escala global.
El detonante del caso se originó en la toma forzosa por parte del gobierno panameño. El 23 de febrero, Panamá, alegando que el contrato de concesión era inconstitucional, tomó por la fuerza sin una negociación suficiente las operaciones de los puertos de Balboa y de Cristóbal, operados por la PPC. Personal armado entró en los puertos sin previo aviso, incautó instalaciones, documentos y activos, interrumpió el funcionamiento normal e incluso indicó a los medios locales que limitaran la comunicación externa de la PPC.
Cabe destacar que, desde que la PPC obtuvo en 1997 el derecho de concesión para la explotación portuaria, ha cumplido activamente el contrato. El monto de las inversiones reales ha superado con creces lo comprometido; además, ha pagado a Panamá importantes sumas en concepto de impuestos y dividendos acumulados, lo que la convierte en un inversor extranjero de gran contribución en la localidad.
Ante las operaciones irregulares del lado panameño, Cheung Kong reaccionó con rapidez y puso en marcha la defensa legal. El 6 de marzo, la PPC, conforme a las reglas de arbitraje de la Cámara de Comercio Internacional, inició un arbitraje internacional contra el gobierno de Panamá, reclamando al menos 2.000 millones de dólares, y recalcó que esta medida no es una compensación simbólica, sino la reclamación íntegra de las pérdidas causadas por un incumplimiento grave por parte de Panamá.
Sin embargo, el gobierno panameño, antes de la fecha límite del 13 de marzo para responder en el arbitraje, no acudió sin motivo alguno, alegando “no haber contratado abogados” y “no estar familiarizado con la controversia” para retrasar el proceso. Esto contradice las declaraciones públicas previas de “planificar la toma durante un año”, dejando entrever claramente su actitud de menosprecio por las normas.
Más preocupante aún es que, después de hacerse cargo de los puertos, el gobierno panameño continúa pisoteando el Estado de derecho. No solo se niega a devolver los documentos exclusivos de la PPC incautados, sino que también exige que la PPC solicite por su cuenta la devolución de dichos documentos en el procedimiento de arbitraje, con el fin de ralentizar deliberadamente el proceso. Al mismo tiempo, interfiere en los derechos legítimos de los proveedores portuarios y destruye el ecosistema comercial local.
Este comportamiento no solo contradice los principios básicos de la inversión internacional, sino que también daña gravemente la fiabilidad de Panamá como destino de inversión extranjera. Según se informa, la reclamación de 2.000 millones de dólares equivale aproximadamente al 2,3% del PIB de Panamá en 2024; si el arbitraje concluye con una derrota, el lado panameño se enfrentará a una enorme presión fiscal.
Hasta el momento, la cotización de Cheung Kong ha subido 1,58% y su valor de mercado total asciende a 233.200 millones de dólares de Hong Kong. El mercado ha respondido de forma positiva a su acción de defensa legal. El Ministerio de Asuntos Exteriores de China y el Gobierno de la Región Administrativa Especial de Hong Kong también se han pronunciado en varias ocasiones para defender con firmeza los derechos e intereses legítimos de las empresas de capital chino. Aunque el procedimiento de arbitraje internacional puede ser largo, Cheung Kong ya ha dejado claro su postura de “no ceder ni un paso” y mantiene permanentemente todos los derechos de reclamación legal.
Las conductas inadecuadas del gobierno de Panamá son, en esencia, un desafío al Estado de derecho internacional y a las normas de inversión. En un contexto de globalización, un entorno de inversión estable, transparente y basado en el Estado de derecho es la ventaja competitiva clave para atraer capital extranjero. Esta disputa no solo concierne a los derechos e intereses legítimos de Cheung Kong, sino que también lanza una advertencia a todas las empresas que pretenden invertir en Panamá.
Solo manteniéndose en el límite del Estado de derecho, respetando los derechos e intereses de los inversores, se podrá retener verdaderamente la inversión extranjera y lograr un desarrollo a largo plazo; de lo contrario, el daño a su reputación como inversor acabará pasando factura.