Según los datos del mercado de predicción Polymarket, Kevin Warsh es uno de los principales candidatos para convertirse en el próximo presidente de la Reserva Federal. Pero esta noticia no ha sido bien recibida por el mercado, especialmente por activos de riesgo como Bitcoin. No es una coincidencia: Warsh representa una dirección completamente nueva en la política de la Fed, que cambiará profundamente el ecosistema de mercado con abundancia de liquidez.
De mecanismos de rescate a restricciones disciplinarias
En los últimos quince años, el papel de la Reserva Federal ha cambiado radicalmente. Desde la crisis financiera de 2008, la Fed ya no es solo un banco central, sino que se ha convertido en una aseguradora de activos. Ante cualquier presión del mercado, la Fed suministra liquidez de manera ilimitada; la volatilidad es gestionada por la Fed; el mercado siempre se encuentra en un estado de infusión artificial. Esto es lo que se conoce como el “put” de la Fed: el mercado sabe que será rescatado pase lo que pase.
Warsh pertenece a la corriente que se opone a este modelo. Él cree que un mercado que ya no se autorregula no es realmente un mercado. Si realmente toma el control de la Fed, las reglas del juego cambiarán radicalmente: las intervenciones automáticas disminuirán, las rescates preventivos cesarán y el banco central volverá estrictamente a sus funciones legales.
La encrucijada de Bitcoin
Esto es una noticia compleja para Bitcoin, y precisamente demuestra por qué la situación de Bitcoin se ha vuelto difícil.
A corto plazo, el problema es claro. ¿Qué significa una Fed menos flexible? Menos liquidez, mayor disciplina monetaria, activos de riesgo menos favorecidos. Bitcoin depende en gran medida de la apetencia por el riesgo del mercado y, en este entorno, el dolor a corto plazo es casi inevitable.
Pero a medio y largo plazo, la historia da un giro. Si Warsh logra implementar una disciplina monetaria, mientras el gobierno continúa usando gastos fiscales para cubrir los déficits económicos (lo que se llama “gobierno fiscal”), un sistema de crédito debilitado fortalecerá el valor de Bitcoin como activo no soberano, escaso y políticamente neutral. La gente preguntará: ¿ya no puede el banco central imprimir dinero a voluntad? La respuesta será Bitcoin, descentralizado y sin control gubernamental.
Una paradoja irónica
La lógica aquí es dura: Bitcoin no gana por ser fuerte en el sistema, sino por exponer sus límites. Si Warsh fracasa, la dominancia fiscal erosionará finalmente la moneda, beneficiando a Bitcoin por la devaluación de la confianza. Si Warsh tiene éxito, Bitcoin enfrentará presión a corto plazo, pero ganará legitimidad estructural.
En cualquier caso, los próximos cuatro años no serán lineales. Bitcoin está en el centro de un juego de poder institucional, y precisamente esta situación difícil puede ser la clave para determinar quién gana a largo plazo.
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La difícil situación que enfrenta Bitcoin: ¿Qué significa que Warsh esté al mando de la Reserva Federal?
Según los datos del mercado de predicción Polymarket, Kevin Warsh es uno de los principales candidatos para convertirse en el próximo presidente de la Reserva Federal. Pero esta noticia no ha sido bien recibida por el mercado, especialmente por activos de riesgo como Bitcoin. No es una coincidencia: Warsh representa una dirección completamente nueva en la política de la Fed, que cambiará profundamente el ecosistema de mercado con abundancia de liquidez.
De mecanismos de rescate a restricciones disciplinarias
En los últimos quince años, el papel de la Reserva Federal ha cambiado radicalmente. Desde la crisis financiera de 2008, la Fed ya no es solo un banco central, sino que se ha convertido en una aseguradora de activos. Ante cualquier presión del mercado, la Fed suministra liquidez de manera ilimitada; la volatilidad es gestionada por la Fed; el mercado siempre se encuentra en un estado de infusión artificial. Esto es lo que se conoce como el “put” de la Fed: el mercado sabe que será rescatado pase lo que pase.
Warsh pertenece a la corriente que se opone a este modelo. Él cree que un mercado que ya no se autorregula no es realmente un mercado. Si realmente toma el control de la Fed, las reglas del juego cambiarán radicalmente: las intervenciones automáticas disminuirán, las rescates preventivos cesarán y el banco central volverá estrictamente a sus funciones legales.
La encrucijada de Bitcoin
Esto es una noticia compleja para Bitcoin, y precisamente demuestra por qué la situación de Bitcoin se ha vuelto difícil.
A corto plazo, el problema es claro. ¿Qué significa una Fed menos flexible? Menos liquidez, mayor disciplina monetaria, activos de riesgo menos favorecidos. Bitcoin depende en gran medida de la apetencia por el riesgo del mercado y, en este entorno, el dolor a corto plazo es casi inevitable.
Pero a medio y largo plazo, la historia da un giro. Si Warsh logra implementar una disciplina monetaria, mientras el gobierno continúa usando gastos fiscales para cubrir los déficits económicos (lo que se llama “gobierno fiscal”), un sistema de crédito debilitado fortalecerá el valor de Bitcoin como activo no soberano, escaso y políticamente neutral. La gente preguntará: ¿ya no puede el banco central imprimir dinero a voluntad? La respuesta será Bitcoin, descentralizado y sin control gubernamental.
Una paradoja irónica
La lógica aquí es dura: Bitcoin no gana por ser fuerte en el sistema, sino por exponer sus límites. Si Warsh fracasa, la dominancia fiscal erosionará finalmente la moneda, beneficiando a Bitcoin por la devaluación de la confianza. Si Warsh tiene éxito, Bitcoin enfrentará presión a corto plazo, pero ganará legitimidad estructural.
En cualquier caso, los próximos cuatro años no serán lineales. Bitcoin está en el centro de un juego de poder institucional, y precisamente esta situación difícil puede ser la clave para determinar quién gana a largo plazo.