La computación cuántica dejó de ser un riesgo teórico hace tiempo. Lo que ahora sorprende es que su impacto ya está generando decisiones concretas en los portafolios institucionales. Los datos de 2026 lo demuestran: mientras Bitcoin se rezaga un 6.5% frente al oro en lo que va del año, las grandes inversoras están replanteando sus asignaciones no por ciclos de mercado tradicionales, sino por una amenaza tecnológica que cada vez parece más próxima.
¿Por qué Bitcoin se atrasa frente al oro? La computación cuántica como factor real
El desempeño relativo de Bitcoin versus oro en enero de 2026 refleja algo más profundo que la volatilidad habitual. Christopher Wood, estratega de Jefferies, eliminó una posición del 10% en Bitcoin de su portafolio modelo “Greed & Fear”, reasignando ese capital a oro físico y acciones mineras de metales preciosos. Su justificación es contundente: la computación cuántica podría quebrantar las claves ECDSA (Elliptic Curve Digital Signature Algorithm) que protegen Bitcoin, transformando la narrativa de reserva de valor en un interrogante.
Este movimiento no es aislado. En X, usuarios influyentes como batsoupyum comentaban que “los asesores financieros leen estas investigaciones y mantienen asignaciones bajas o nulas porque la computación cuántica representa una amenaza existencial. Será como un peso sobre BTC hasta que el problema se solucione.”
El riesgo tangible: vulnerabilidades ECDSA y miles de millones en exposición
Un estudio reciente de Chaincode Labs cuantificó lo que antes era especulación. Entre el 20% y el 50% de las direcciones de Bitcoin que circulan actualmente son vulnerables a futuros ataques cuánticos. Esto representa aproximadamente 6.26 millones de BTC, con una exposición valorada entre 650 mil millones y 750 mil millones de dólares.
Las direcciones de riesgo incluyen configuraciones legacy Pay-to-Public-Key, ciertos esquemas multisig anticuados y direcciones Taproot expuestas. El problema radica en la reutilización de claves públicas: cada vez que una clave se expone públicamente, se convierte en objetivo potencial para un atacante cuántico. David Duong de Coinbase identifica dos amenazas principales: la ruptura directa de ECDSA y la vulneración de SHA-256, que constituye la base del sistema proof-of-work de Bitcoin.
El Projection Calculator refleja visualmente esta progresión: a medida que aumenta el recuento de qubits en las máquinas cuánticas, especialmente tras los avances anunciados por Google en 2025, la posibilidad de que existan computadoras cuánticamente relevantes para la criptografía (CRQC) deja de ser remota.
Respuestas institucionales divergentes: no hay consenso sobre la magnitud del riesgo
Aquí emerge un patrón interesante. Las instituciones no están abandonando Bitcoin de forma masiva, sino que están fragmentando sus enfoques según evaluaciones diferentes del riesgo. Harvard aumentó su asignación a Bitcoin casi un 240% durante el mismo período. Morgan Stanley comenzó a recomendar a sus clientes de gestión patrimonial que asignen hasta un 4% de sus portafolios a criptoactivos. Bank of America, por su parte, permite rangos de exposición entre 1% y 4%.
Mientras Wood se retiraba, otros apostaban más fuerte. Este patrón sugiere que el mercado institucional no está interpretando el riesgo cuántico como un argumento binario (sí o no), sino como una variable de riesgo-retorno más en un portafolio diversificado. Algunos lo ponderan como improbable pero de altísimo impacto. Otros consideran que la ventana de tiempo es suficiente para que se implemente una solución antes de que represente un daño real.
El obstáculo de la descentralización: ¿cómo actualiza Bitcoin su blindaje?
Aquí emerge el dilema técnico más profundo. Los bancos tradicionales pueden imponer cambios de seguridad contra la computación cuántica mediante su estructura jerárquica. Bitcoin no tiene ese lujo. Jamie Coutts, comentarista de criptografía en X, lo expresó así: “Antes solía ignorar los riesgos de la computación cuántica para Bitcoin como improbables. Ya no. Técnicamente, Bitcoin puede actualizarse. Pero eso requiere una coordinación lenta y complicada en una red completamente descentralizada. Nadie puede decretar: ‘cambiamos ahora’.”
No existe comité de riesgos, no hay mandato ejecutivo, ni entidad capaz de imponer una acción inmediata. Cualquier cambio protector requiere consenso entre miles de nodos, mineros, desarrolladores y participantes de la red. Esa estructura defensiva que hace Bitcoin resistente a la censura se convierte, paradójicamente, en un cuello de botella para la evolución defensiva.
Los estándares de criptografía post-cuántica finalizados por NIST en 2024 proporcionan una hoja de ruta técnica. Sin embargo, Charles Hoskinson de Cardano advierte que la adopción precipitada de estos nuevos esquemas podría erosionar gravemente la eficiencia del protocolo. Es un dilema clásico: seguridad versus rendimiento, en una red donde cambiar el motor mientras se conduce es extremadamente complicado.
El reloj cuántico se acelera: ¿2030s o antes?
DARPA estimó que amenazas cuánticamente significativas podrían materializarse durante la década de 2030. No obstante, el gráfico de proyecciones de capacidad cuántica sugiere un horizonte más comprimido. Los avances en integración de IA con desarrollo cuántico podrían acortar estos plazos considerablemente. Lo que ayer parecía una amenaza de 15 años podría convertirse en un desafío de 5 a 7 años.
Este cambio en la percepción del cronograma es lo que explica por qué el riesgo cuántico pasó de ser un tema académico a un factor real en decisiones de portafolio. Ya no es una pregunta de si ocurrirá, sino de cuándo. Y ese “cuándo” se está adelantando.
Conclusión: computación cuántica como carga real sobre Bitcoin
La pregunta ya no es si la computación cuántica impactará Bitcoin. El impacto ya está aquí, manifestándose en asignaciones de capital, en debates de seguridad de largo plazo, y en la urgencia creciente dentro del ecosistema para explorar soluciones. El bajo desempeño relativo de Bitcoin frente al oro es síntoma, no causa: refleja el peso acumulado de un riesgo que pasó de la especulación teórica a factor de inversión real.
Hasta que Bitcoin coordine completamente una actualización resistente a la computación cuántica, esa “carga” seguirá siendo una fricción constante en su narrativa como activo de largo plazo. La red tiene los mecanismos técnicos para evolucionar, pero el desafío político, coordinativo e institucional de hacerlo en una estructura descentralizada es, quizá, mayor que el desafío técnico en sí.
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La computación cuántica se convierte en factor real para el mercado de Bitcoin
La computación cuántica dejó de ser un riesgo teórico hace tiempo. Lo que ahora sorprende es que su impacto ya está generando decisiones concretas en los portafolios institucionales. Los datos de 2026 lo demuestran: mientras Bitcoin se rezaga un 6.5% frente al oro en lo que va del año, las grandes inversoras están replanteando sus asignaciones no por ciclos de mercado tradicionales, sino por una amenaza tecnológica que cada vez parece más próxima.
¿Por qué Bitcoin se atrasa frente al oro? La computación cuántica como factor real
El desempeño relativo de Bitcoin versus oro en enero de 2026 refleja algo más profundo que la volatilidad habitual. Christopher Wood, estratega de Jefferies, eliminó una posición del 10% en Bitcoin de su portafolio modelo “Greed & Fear”, reasignando ese capital a oro físico y acciones mineras de metales preciosos. Su justificación es contundente: la computación cuántica podría quebrantar las claves ECDSA (Elliptic Curve Digital Signature Algorithm) que protegen Bitcoin, transformando la narrativa de reserva de valor en un interrogante.
Este movimiento no es aislado. En X, usuarios influyentes como batsoupyum comentaban que “los asesores financieros leen estas investigaciones y mantienen asignaciones bajas o nulas porque la computación cuántica representa una amenaza existencial. Será como un peso sobre BTC hasta que el problema se solucione.”
El riesgo tangible: vulnerabilidades ECDSA y miles de millones en exposición
Un estudio reciente de Chaincode Labs cuantificó lo que antes era especulación. Entre el 20% y el 50% de las direcciones de Bitcoin que circulan actualmente son vulnerables a futuros ataques cuánticos. Esto representa aproximadamente 6.26 millones de BTC, con una exposición valorada entre 650 mil millones y 750 mil millones de dólares.
Las direcciones de riesgo incluyen configuraciones legacy Pay-to-Public-Key, ciertos esquemas multisig anticuados y direcciones Taproot expuestas. El problema radica en la reutilización de claves públicas: cada vez que una clave se expone públicamente, se convierte en objetivo potencial para un atacante cuántico. David Duong de Coinbase identifica dos amenazas principales: la ruptura directa de ECDSA y la vulneración de SHA-256, que constituye la base del sistema proof-of-work de Bitcoin.
El Projection Calculator refleja visualmente esta progresión: a medida que aumenta el recuento de qubits en las máquinas cuánticas, especialmente tras los avances anunciados por Google en 2025, la posibilidad de que existan computadoras cuánticamente relevantes para la criptografía (CRQC) deja de ser remota.
Respuestas institucionales divergentes: no hay consenso sobre la magnitud del riesgo
Aquí emerge un patrón interesante. Las instituciones no están abandonando Bitcoin de forma masiva, sino que están fragmentando sus enfoques según evaluaciones diferentes del riesgo. Harvard aumentó su asignación a Bitcoin casi un 240% durante el mismo período. Morgan Stanley comenzó a recomendar a sus clientes de gestión patrimonial que asignen hasta un 4% de sus portafolios a criptoactivos. Bank of America, por su parte, permite rangos de exposición entre 1% y 4%.
Mientras Wood se retiraba, otros apostaban más fuerte. Este patrón sugiere que el mercado institucional no está interpretando el riesgo cuántico como un argumento binario (sí o no), sino como una variable de riesgo-retorno más en un portafolio diversificado. Algunos lo ponderan como improbable pero de altísimo impacto. Otros consideran que la ventana de tiempo es suficiente para que se implemente una solución antes de que represente un daño real.
El obstáculo de la descentralización: ¿cómo actualiza Bitcoin su blindaje?
Aquí emerge el dilema técnico más profundo. Los bancos tradicionales pueden imponer cambios de seguridad contra la computación cuántica mediante su estructura jerárquica. Bitcoin no tiene ese lujo. Jamie Coutts, comentarista de criptografía en X, lo expresó así: “Antes solía ignorar los riesgos de la computación cuántica para Bitcoin como improbables. Ya no. Técnicamente, Bitcoin puede actualizarse. Pero eso requiere una coordinación lenta y complicada en una red completamente descentralizada. Nadie puede decretar: ‘cambiamos ahora’.”
No existe comité de riesgos, no hay mandato ejecutivo, ni entidad capaz de imponer una acción inmediata. Cualquier cambio protector requiere consenso entre miles de nodos, mineros, desarrolladores y participantes de la red. Esa estructura defensiva que hace Bitcoin resistente a la censura se convierte, paradójicamente, en un cuello de botella para la evolución defensiva.
Los estándares de criptografía post-cuántica finalizados por NIST en 2024 proporcionan una hoja de ruta técnica. Sin embargo, Charles Hoskinson de Cardano advierte que la adopción precipitada de estos nuevos esquemas podría erosionar gravemente la eficiencia del protocolo. Es un dilema clásico: seguridad versus rendimiento, en una red donde cambiar el motor mientras se conduce es extremadamente complicado.
El reloj cuántico se acelera: ¿2030s o antes?
DARPA estimó que amenazas cuánticamente significativas podrían materializarse durante la década de 2030. No obstante, el gráfico de proyecciones de capacidad cuántica sugiere un horizonte más comprimido. Los avances en integración de IA con desarrollo cuántico podrían acortar estos plazos considerablemente. Lo que ayer parecía una amenaza de 15 años podría convertirse en un desafío de 5 a 7 años.
Este cambio en la percepción del cronograma es lo que explica por qué el riesgo cuántico pasó de ser un tema académico a un factor real en decisiones de portafolio. Ya no es una pregunta de si ocurrirá, sino de cuándo. Y ese “cuándo” se está adelantando.
Conclusión: computación cuántica como carga real sobre Bitcoin
La pregunta ya no es si la computación cuántica impactará Bitcoin. El impacto ya está aquí, manifestándose en asignaciones de capital, en debates de seguridad de largo plazo, y en la urgencia creciente dentro del ecosistema para explorar soluciones. El bajo desempeño relativo de Bitcoin frente al oro es síntoma, no causa: refleja el peso acumulado de un riesgo que pasó de la especulación teórica a factor de inversión real.
Hasta que Bitcoin coordine completamente una actualización resistente a la computación cuántica, esa “carga” seguirá siendo una fricción constante en su narrativa como activo de largo plazo. La red tiene los mecanismos técnicos para evolucionar, pero el desafío político, coordinativo e institucional de hacerlo en una estructura descentralizada es, quizá, mayor que el desafío técnico en sí.