He estado mirando la pantalla durante mucho tiempo, y aún así tengo que admitirlo: no puedo ser completamente objetivo. Aunque la lógica ya ha avisado, incluso si en el subconsciente siento que estoy equivocado, cuando mis manos están sobre el teclado, todavía surge esa maldita frase: “¿Y si esta vez es diferente?”. En realidad, en el fondo, todos nosotros somos arrogantes. Siempre pensamos que en un momento dado podemos agarrar por el cuello el destino, que el mundo debería girar alrededor de nosotros, que somos los hijos predilectos de este guion. Pero en realidad, el mundo nunca necesita qu
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