La semana pasada trajo consigo una corrección significativa en los mercados de criptomonedas que no fue casualidad, sino el resultado de una confluencia de factores macroeconómicos perfectamente alineados. Bitcoin cayó hasta rondar los $90,48K, mientras que Ethereum perdió terreno cayendo por debajo de los $3,03K. Las acciones relacionadas con tecnología blockchain siguieron un camino similar: empresas mineras como CLSK, HUT y WULF experimentaron descensos superiores al 10%, mientras que plataformas de servicios financieros registraron caídas entre el 5% y 7%.
Lo que sucede en Tokio con respecto a cuanto vale un yen en los mercados internacionales tiene más impacto de lo que muchos imaginan en el ecosistema cripto.
El factor que cambió todo: La política monetaria japonesa
El movimiento que pocas personas anticiparon correctamente fue el cambio de dirección del Banco de Japón respecto a sus tasas de interés. Históricamente, cada vez que la institución monetaria nipona decide elevar su costo de endeudamiento, el mercado de Bitcoin experimenta turbulencias significativas en el rango de 20% a 30% durante los siguientes 4 a 6 meses.
Los datos históricos son contundentes: tras la subida de tasas de marzo de 2024, Bitcoin retrocedió aproximadamente 27%. La elevación de julio del mismo año provocó una caída del 30%, y la de enero de 2025 generó otro descenso similar. Esta nueva decisión marca la primera alza de tasas del Banco de Japón desde enero, con pronósticos de mercado indicando una probabilidad del 97% de un aumento de 25 puntos básicos.
¿Por qué importa tanto lo que sucede en Japón? Porque el país asiático es el mayor comprador extranjero de bonos del Tesoro estadounidense, con tenencias por encima de $1.1 trillones. Su influencia sobre la oferta global de dólares, los rendimientos de bonos y la valuación de activos de riesgo como Bitcoin es considerablemente mayor a lo que muchos traders reconocen.
Durante años, la estrategia de “carry trade” ha sido fundamental en los mercados globales. Inversores tomaban prestados yenes a tasas muy bajas y los invertían en acciones estadounidenses, bonos o criptomonedas de alto rendimiento. Cuando Japón comienza a elevar sus tasas, estas posiciones apalancadas se desmoronan rápidamente, generando liquidaciones forzadas en cascada.
El panorama global: Divergencia de políticas monetarias
Simultáneamente, la Reserva Federal enfrentaba su propia encrucijada. Tras completar su primer recorte de tasas de la semana anterior, el mercado permanece en la incertidumbre sobre cuántos cortes más esperar durante 2026. Los datos macroeconómicos críticos de esta semana —el reporte de nóminas no agrícolas de Estados Unidos y los datos de inflación— son centrales para determinar el próximo movimiento de política monetaria estadounidense.
La situación actual presenta una paradoja desconcertante: si el empleo se enfría demasiado rápido, la Fed podría pausar sus recortes por temor a una desaceleración económica. Por otro lado, si la inflación repunta, la institución podría buscar acelerar la reducción de su balance para retirar liquidez, logrando un apretón “real” aunque mantenga una flexibilización “nominal”.
El mercado de futuros de tasas de interés (Polymarket) refleja esta incertidumbre con precisión: 78% de probabilidad de que no haya cambios el 28 de enero, versus apenas 22% de probabilidad de un recorte. Mientras tanto, el Banco Central Europeo y el Banco de Inglaterra también celebraban reuniones, pero adoptando una postura más cautelosa. Esta fragmentación de políticas monetarias —Japón endureciendo, Estados Unidos dudoso, Europa y Reino Unido esperando— crea un entorno de liquidez desunida que históricamente resulta más dañino para Bitcoin que un endurecimiento claro.
La venta en cadena: Instituciones, mineros y detenedores de largo plazo
A nivel de blockchain, los indicadores reflejaban presión de venta sostenida. Los ETFs spot de Bitcoin experimentaron una salida neta de aproximadamente $350 millones en un solo día (alrededor de 4,000 BTC), principalmente desde FBTC y GBTC. En paralelo, el 15 de diciembre, los flujos netos hacia exchanges alcanzaron 3,764 BTC (cerca de $340 millones), marcando un máximo histórico. Binance solo recibió 2,285 BTC, señal clara de que holders importantes se preparaban para reducir posiciones.
El comportamiento de los market makers también capturó la atención del mercado analítico. Wintermute transfirió más de $1.5 billones en activos hacia exchanges desde finales de noviembre, alimentando la percepción de presión vendedora inmediata.
Sin embargo, la señal más preocupante provino de los llamados “OGs” —holders que no han movido sus Bitcoin en años—. Datos de Glassnode indicaban que estos inversores de largo plazo aceleraron sus ventas desde finales de noviembre. De forma paralela, el hashrate total de la red Bitcoin experimentó una caída del 17.25% en el transcurso de una semana, cayendo a 988.49 EH/s según F2pool.
Esta reducción de poder de cómputo se correlaciona con reportes de cierre de operaciones mineras, particularmente en regiones como Xinjiang. Estimaciones sugieren que al menos 400,000 máquinas de minería Bitcoin fueron desactivadas recientemente, reduciendo presión de demanda de nuevo suministro en el mercado.
Confluencia de factores: El cuadro completo
La caída no fue provocada por un único evento, sino por la convergencia simultánea de múltiples presiones:
El Banco de Japón iniciando un ciclo de endurecimiento monetario, que desata la desmantelación del carry trade con yen. La Reserva Federal dejando sin claridad el camino de política para 2026, forzando al mercado a reajustar proactivamente sus expectativas de liquidez. El comportamiento on-chain acelerado de venta por parte de instituciones, mineros y grandes detenedores de largo plazo, amplificando la sensibilidad del precio a cualquier cambio de liquidez global.
El riesgo real podría no ser esta subida de tasas aislada, sino la señal que envía para 2026. El Banco de Japón ha confirmado planes para vender aproximadamente $550 billones en participaciones de ETF a partir de enero. Si se acompañan de múltiples alzas de tasas adicionales, podríamos presenciar una aceleración en ventas de bonos y un desmantelamiento aún más agresivo del carry trade, con consecuencias sostenidas sobre activos de riesgo.
La incertidumbre reina, pero los datos son claros: cuando la política monetaria global diverge y la liquidez se contrae, Bitcoin suele pagar el precio.
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La tormenta perfecta: Cuando el yen se fortalece y Bitcoin retrocede
La semana pasada trajo consigo una corrección significativa en los mercados de criptomonedas que no fue casualidad, sino el resultado de una confluencia de factores macroeconómicos perfectamente alineados. Bitcoin cayó hasta rondar los $90,48K, mientras que Ethereum perdió terreno cayendo por debajo de los $3,03K. Las acciones relacionadas con tecnología blockchain siguieron un camino similar: empresas mineras como CLSK, HUT y WULF experimentaron descensos superiores al 10%, mientras que plataformas de servicios financieros registraron caídas entre el 5% y 7%.
Lo que sucede en Tokio con respecto a cuanto vale un yen en los mercados internacionales tiene más impacto de lo que muchos imaginan en el ecosistema cripto.
El factor que cambió todo: La política monetaria japonesa
El movimiento que pocas personas anticiparon correctamente fue el cambio de dirección del Banco de Japón respecto a sus tasas de interés. Históricamente, cada vez que la institución monetaria nipona decide elevar su costo de endeudamiento, el mercado de Bitcoin experimenta turbulencias significativas en el rango de 20% a 30% durante los siguientes 4 a 6 meses.
Los datos históricos son contundentes: tras la subida de tasas de marzo de 2024, Bitcoin retrocedió aproximadamente 27%. La elevación de julio del mismo año provocó una caída del 30%, y la de enero de 2025 generó otro descenso similar. Esta nueva decisión marca la primera alza de tasas del Banco de Japón desde enero, con pronósticos de mercado indicando una probabilidad del 97% de un aumento de 25 puntos básicos.
¿Por qué importa tanto lo que sucede en Japón? Porque el país asiático es el mayor comprador extranjero de bonos del Tesoro estadounidense, con tenencias por encima de $1.1 trillones. Su influencia sobre la oferta global de dólares, los rendimientos de bonos y la valuación de activos de riesgo como Bitcoin es considerablemente mayor a lo que muchos traders reconocen.
Durante años, la estrategia de “carry trade” ha sido fundamental en los mercados globales. Inversores tomaban prestados yenes a tasas muy bajas y los invertían en acciones estadounidenses, bonos o criptomonedas de alto rendimiento. Cuando Japón comienza a elevar sus tasas, estas posiciones apalancadas se desmoronan rápidamente, generando liquidaciones forzadas en cascada.
El panorama global: Divergencia de políticas monetarias
Simultáneamente, la Reserva Federal enfrentaba su propia encrucijada. Tras completar su primer recorte de tasas de la semana anterior, el mercado permanece en la incertidumbre sobre cuántos cortes más esperar durante 2026. Los datos macroeconómicos críticos de esta semana —el reporte de nóminas no agrícolas de Estados Unidos y los datos de inflación— son centrales para determinar el próximo movimiento de política monetaria estadounidense.
La situación actual presenta una paradoja desconcertante: si el empleo se enfría demasiado rápido, la Fed podría pausar sus recortes por temor a una desaceleración económica. Por otro lado, si la inflación repunta, la institución podría buscar acelerar la reducción de su balance para retirar liquidez, logrando un apretón “real” aunque mantenga una flexibilización “nominal”.
El mercado de futuros de tasas de interés (Polymarket) refleja esta incertidumbre con precisión: 78% de probabilidad de que no haya cambios el 28 de enero, versus apenas 22% de probabilidad de un recorte. Mientras tanto, el Banco Central Europeo y el Banco de Inglaterra también celebraban reuniones, pero adoptando una postura más cautelosa. Esta fragmentación de políticas monetarias —Japón endureciendo, Estados Unidos dudoso, Europa y Reino Unido esperando— crea un entorno de liquidez desunida que históricamente resulta más dañino para Bitcoin que un endurecimiento claro.
La venta en cadena: Instituciones, mineros y detenedores de largo plazo
A nivel de blockchain, los indicadores reflejaban presión de venta sostenida. Los ETFs spot de Bitcoin experimentaron una salida neta de aproximadamente $350 millones en un solo día (alrededor de 4,000 BTC), principalmente desde FBTC y GBTC. En paralelo, el 15 de diciembre, los flujos netos hacia exchanges alcanzaron 3,764 BTC (cerca de $340 millones), marcando un máximo histórico. Binance solo recibió 2,285 BTC, señal clara de que holders importantes se preparaban para reducir posiciones.
El comportamiento de los market makers también capturó la atención del mercado analítico. Wintermute transfirió más de $1.5 billones en activos hacia exchanges desde finales de noviembre, alimentando la percepción de presión vendedora inmediata.
Sin embargo, la señal más preocupante provino de los llamados “OGs” —holders que no han movido sus Bitcoin en años—. Datos de Glassnode indicaban que estos inversores de largo plazo aceleraron sus ventas desde finales de noviembre. De forma paralela, el hashrate total de la red Bitcoin experimentó una caída del 17.25% en el transcurso de una semana, cayendo a 988.49 EH/s según F2pool.
Esta reducción de poder de cómputo se correlaciona con reportes de cierre de operaciones mineras, particularmente en regiones como Xinjiang. Estimaciones sugieren que al menos 400,000 máquinas de minería Bitcoin fueron desactivadas recientemente, reduciendo presión de demanda de nuevo suministro en el mercado.
Confluencia de factores: El cuadro completo
La caída no fue provocada por un único evento, sino por la convergencia simultánea de múltiples presiones:
El Banco de Japón iniciando un ciclo de endurecimiento monetario, que desata la desmantelación del carry trade con yen. La Reserva Federal dejando sin claridad el camino de política para 2026, forzando al mercado a reajustar proactivamente sus expectativas de liquidez. El comportamiento on-chain acelerado de venta por parte de instituciones, mineros y grandes detenedores de largo plazo, amplificando la sensibilidad del precio a cualquier cambio de liquidez global.
El riesgo real podría no ser esta subida de tasas aislada, sino la señal que envía para 2026. El Banco de Japón ha confirmado planes para vender aproximadamente $550 billones en participaciones de ETF a partir de enero. Si se acompañan de múltiples alzas de tasas adicionales, podríamos presenciar una aceleración en ventas de bonos y un desmantelamiento aún más agresivo del carry trade, con consecuencias sostenidas sobre activos de riesgo.
La incertidumbre reina, pero los datos son claros: cuando la política monetaria global diverge y la liquidez se contrae, Bitcoin suele pagar el precio.