2025년 구조 de mercado de criptomonedas: institucionalización, sistema de dólares en cadena y normalización regulatoria transforman activos especulativos limitados en infraestructura
1ª parte: Después de convertirse en inversor institucional, ¿cómo ha cambiado el mercado?
El cambio más destacado en el mercado de criptomonedas en 2025 es uno: quién mueve este mercado ha cambiado 180 grados.
Al principio, el mercado de criptomonedas estaba liderado por inversores particulares y capital especulativo a corto plazo. Su lógica de negociación era simple: el entusiasmo en las redes sociales, las nuevas narrativas, los indicadores de actividad en la cadena. La emoción determinaba los precios, el FOMO era el combustible de los mercados alcistas y las ventas en pánico aceleraban las bajadas. En este tipo de mercado, activos como Bitcoin y Ethereum experimentaban subidas abruptas y caídas intensas, y los ciclos del mercado estaban dictados por las emociones, no por el tamaño del capital.
Pero desde 2024, la situación empezó a cambiar. La aprobación y operación normalizada del ETF de Bitcoin en EE. UU. supuso un punto de inflexión. El ETF no era solo una herramienta de negociación. Abrió por primera vez un camino legal y estandarizado para que grandes capitales institucionales entraran en los activos criptográficos. A diferencia de las “vías alternativas” como fideicomisos, futuros y gestión en cadena, el ETF redujo drásticamente los costes operativos y las barreras regulatorias de entrada.
Para 2025, el capital institucional ya no está en “fase de prueba”. Continúan acumulando posiciones a través de ETF y productos de gestión de activos regulados, y gradualmente se están convirtiendo en los compradores marginales(marginal buyer) del mercado.
El núcleo de este cambio no radica en el tamaño del capital, sino en su naturaleza. La nueva demanda del mercado ha pasado de inversores particulares impulsados por la emoción a inversores institucionales que siguen una lógica de asignación de activos.
La primera característica del capital institucional es que sus operaciones son menos frecuentes y mantienen las posiciones durante más tiempo. Mientras que los inversores particulares reaccionan rápidamente a las variaciones de precios a corto plazo, las decisiones de fondos de pensiones, fondos soberanos, family offices y grandes hedge funds pasan por revisiones del comité de inversión, evaluaciones de gestión de riesgos y revisiones regulatorias. Esta estructura de toma de decisiones esencialmente inhibe las operaciones impulsivas.
Como resultado, la proporción de operaciones de alta frecuencia y corto plazo en el volumen total del mercado ha disminuido. La tendencia de los precios refleja ahora más la dirección de la asignación de capital que las emociones inmediatas. Esto se refleja directamente en la estructura de la volatilidad. Aunque los precios todavía se ajustan a macrotemas o eventos sistémicos, la amplitud de las variaciones extremas impulsadas por la emoción se ha reducido notablemente. Esto es especialmente evidente en Bitcoin y Ethereum, donde la liquidez es más profunda.
En conjunto, el mercado ahora presenta una “orden estática” más cercana a los activos tradicionales. Los movimientos de precios ya no dependen únicamente de saltos narrativos, sino que se mueven cada vez más en un entorno de restricciones de capital y precios macroeconómicos.
La segunda característica del capital institucional es su alta sensibilidad a variables macroeconómicas. El objetivo de la inversión institucional no es obtener rentabilidad absoluta, sino optimizar la rentabilidad ajustada al riesgo. Esto implica que el comportamiento de los precios de los activos criptográficos está cada vez más influenciado por el entorno macroeconómico.
En el sistema financiero tradicional, las tasas de interés, la restricción de liquidez, los cambios en la preferencia por el riesgo y las condiciones de arbitraje entre activos son variables clave que guían los ajustes de posición de los inversores institucionales. Cuando estas lógicas se aplican al mercado de criptomonedas, en 2025 la influencia de los cambios en las expectativas de tasas de interés sobre Bitcoin y el conjunto de activos criptográficos se ha intensificado notablemente. Cada vez que la Reserva Federal(Fed) ajusta su política de tasas, también se reevaluan las asignaciones de activos criptográficos institucionales. Esto no refleja una pérdida de confianza en la narrativa criptográfica, sino un recálculo del coste de oportunidad y del riesgo en la cartera.
En resumen, el proceso por el cual las instituciones se convierten en los compradores marginales del mercado en 2025 significa que los activos criptográficos están evolucionando de una fase de “impulso narrativo y valoración emocional” a una de “dinámica de liquidez y valoración macro”.
La caída de la volatilidad no implica la desaparición del riesgo. Al contrario, la fuente del riesgo se ha desplazado. De impactos emocionales internos a una sensibilidad a las tasas macro, la liquidez y la preferencia por el riesgo.
El marco analítico de 2026 debe ser fundamentalmente reconfigurado. Hay que dejar atrás el enfoque en indicadores en cadena y cambios narrativos, y avanzar hacia estudios sistemáticos sobre la estructura del capital, las restricciones en el comportamiento institucional y los mecanismos de transmisión macroeconómica. El mercado de criptomonedas ya forma parte del sistema global de asignación de activos. Los precios dejan de ser solo respuestas a “lo que dice el mercado” y reflejan cada vez más “cómo el capital asigna riesgos”.
2ª parte: La maduración del sistema de dólares en cadena—las stablecoins se convierten en infraestructura y los RWA llevan rentabilidad en cadena
Si la respuesta a quién compra activos criptográficos es la maduración de las stablecoins y los RWA, la pregunta más fundamental es “qué se compra, con qué se paga y de dónde proviene la rentabilidad”.
En 2025, el mercado de criptomonedas ha dado un salto importante de “experimentos financieros en torno a las criptomonedas” a un “sistema financiero en dólares en cadena”.
Las stablecoins ya no son solo un medio de negociación o un refugio. Ahora son la referencia de pago y la base para la valoración en todo el sistema económico en cadena. Al mismo tiempo, la realización masiva de RWA centrados en bonos del Tesoro de EE. UU. en cadena ha creado, por primera vez, un ancla para rentas sostenibles y monitorizables de bajo riesgo en cadena. Esto ha cambiado radicalmente la estructura de rentabilidad y la lógica de valoración del riesgo en DeFi.
El papel funcional de las stablecoins en 2025 marca un punto de inflexión claro. Ahora cumplen varias funciones: pagos transfronterizos, valoración de pares comerciales, liquidez en DeFi, y canales de entrada y salida para fondos institucionales. En exchanges centralizados, protocolos descentralizados, RWA, derivados y sistemas de pago, las stablecoins constituyen la base del flujo de fondos.
Los datos de volumen de operaciones en cadena muestran claramente que las stablecoins se han convertido en una extensión importante del sistema de dólares global. El volumen anual de transacciones en cadena alcanza decenas de billones de dólares, superando con creces la mayoría de los sistemas de pago de países individuales. En 2025, blockchain cumple por primera vez un papel de “verdadera red funcional de dólares”.
La adopción generalizada de las stablecoins ha transformado la estructura de riesgo del finanzas en cadena. Tras convertirse en la unidad básica de valoración, los participantes del mercado pueden realizar transacciones, préstamos y asignaciones de activos sin exposición directa a la volatilidad de los precios de los activos criptográficos. Esto ha reducido significativamente las barreras de entrada.
Esto es especialmente importante para los inversores institucionales. Estas instituciones no buscan principalmente rentas altas y volátiles. Valoraron mucho más los flujos de caja previsibles y las fuentes de rentabilidad controlables. La maduración de las stablecoins permite a las instituciones obtener exposición en cadena en dólares, evitando riesgos de precios en criptomonedas en el sentido tradicional. Esto sienta las bases para la expansión de RWA y productos de rentabilidad.
En este contexto, la realización masiva de RWA, especialmente de bonos del Tesoro en cadena, se ha convertido en uno de los avances estructurales más relevantes de 2025.
A diferencia de los intentos iniciales de “activos sintéticos” o “mapeo de rentas”, en 2025 los RWA comienzan a introducir en cadena activos reales de bajo riesgo, más cercanos a la emisión de activos financieros tradicionales. Los bonos del Tesoro en cadena ya no son solo una narrativa conceptual. Existen en formas monitorizables, rastreables y combinables, con fuentes de flujo de caja claras, estructuras de vencimiento definidas y una conexión directa con la curva de tipos sin riesgo del sistema financiero tradicional.
Pero junto con la rápida expansión de las stablecoins y los RWA, en 2025 también emerge otra cara del sistema de dólares en cadena: su vulnerabilidad potencial a fallos sistémicos.
Especialmente en los ámbitos de stablecoins de rentabilidad y algoritmos, se han producido varias rupturas y colapsos. Estos fracasos no son incidentes aislados, sino que reflejan problemas estructurales comunes: apalancamiento implícito por garantías recursivas, opacidad en las estructuras de colateral, alta concentración del riesgo.
Cuando las stablecoins no solo respaldan bonos a corto plazo o equivalentes en efectivo, sino que buscan mayores rentas mediante estrategias complejas en DeFi, su estabilidad ya no proviene solo de los activos en sí. Se basa en la suposición implícita de que el mercado seguirá prosperando. Cuando esa suposición se rompe, la desconexión puede derivar en shocks sistémicos en lugar de simples movimientos técnicos.
Los eventos de 2025 muestran que el riesgo de las stablecoins no radica en si son “estables”, sino en si la fuente de esa estabilidad puede ser claramente identificada y monitorizada.
Las stablecoins de rentabilidad pueden ofrecer rentas mucho más altas que las tasas libres de riesgo a corto plazo, pero esas rentas a menudo dependen de apalancamiento y desajustes de liquidez. El riesgo no está bien valorado. Cuando los participantes consideran estos productos como “equivalentes en efectivo”, el riesgo se amplifica sistémicamente.
Este fenómeno obliga a revisar el papel de las stablecoins. ¿Son solo instrumentos de pago y liquidación, o productos financieros con estrategias de alto riesgo? Esa cuestión, por primera vez en 2025, se plantea en términos de coste real.
De cara a 2026, la investigación debe centrarse en algo más que en si las stablecoins y los RWA seguirán creciendo. La expansión del sistema de dólares en cadena es casi irreversible.
La verdadera pregunta clave es la “diferenciación de calidad”. Las diferencias en la transparencia de los colaterales, las estructuras de vencimiento, la separación de riesgos y el cumplimiento regulatorio entre diferentes stablecoins influirán directamente en el coste de capital y en los casos de uso. Igualmente, las diferencias en la estructura legal, los mecanismos de pago y la estabilidad de rentas de diferentes productos RWA determinarán si pueden ser utilizados en asignaciones de activos a nivel institucional.
Lo que se puede prever es que el sistema de dólares en cadena dejará de ser un mercado homogéneo y se estructurará en capas claras. Los productos con alta transparencia, bajo riesgo y fuerte regulación tendrán costes de capital más bajos y mayor adopción. Los productos que dependan de estrategias complejas y apalancamiento implícito tenderán a marginarse o desaparecer progresivamente.
Desde una perspectiva macro, la maduración de las stablecoins y los RWA significa que el mercado de criptomonedas se ha integrado realmente en el sistema financiero global en dólares. La cadena ya no es solo un laboratorio de experimentación de valor, sino una extensión de la liquidez en dólares, la curva de rentas y la lógica de asignación de activos. Este cambio se ve impulsado por la entrada de capital institucional y la normalización del entorno regulatorio, que juntos llevan a la industria de las criptomonedas desde la especulación cíclica hacia una infraestructura estable y en crecimiento.
3ª parte: Normalización regulatoria—las normativas se convierten en murallas y reorganizan la evaluación y la estructura industrial
En 2025, la regulación global de criptomonedas entra en una fase de normalización. Esto no se limita a leyes o incidentes regulatorios específicos, sino que refleja un cambio fundamental en la “hipótesis de supervivencia” de toda la industria.
Durante los años anteriores, el mercado de criptomonedas operó en un entorno institucional de alta incertidumbre. La cuestión central no era el crecimiento ni la eficiencia, sino “si esta industria puede existir”.
La incertidumbre regulatoria se consideraba un riesgo sistémico. Al entrar en el mercado, los capitales debían dejar un margen para posibles shocks regulatorios, riesgos de ejecución y cambios en las políticas.
En 2025, esta problemática, que había quedado sin resolver durante mucho tiempo, empieza a resolverse de forma gradual. La formación de marcos regulatorios relativamente claros y viables en las principales jurisdicciones de Europa y Asia-Pacífico ha cambiado el foco del “¿puede existir?” al “¿puede expandirse bajo cumplimiento regulatorio?”. Este cambio ha tenido profundas implicaciones en la conducta del capital, los modelos de negocio y la valoración de activos.
La clarificación regulatoria ha reducido significativamente las barreras institucionales para que las instituciones accedan al mercado de criptomonedas. La incertidumbre en sí misma es un coste para el capital institucional. La ambigüedad regulatoria a menudo implica riesgos de cola no cuantificables.
A medida que en 2025 los principales hitos como las stablecoins, ETF, gestión de activos y plataformas de negociación se enmarcan en ámbitos regulatorios cada vez más claros, las instituciones finalmente pueden evaluar riesgos y rentabilidades en los activos criptográficos dentro de los marcos regulatorios existentes.
Este cambio no significa que la regulación sea laxa. Significa que ahora es más previsible. La previsibilidad en sí misma es una condición previa para la entrada masiva de capital.
Con límites regulatorios claros, las instituciones pueden aceptar estas restricciones a través de sus procesos internos, estructuras legales y modelos de riesgo. No es necesario considerarlas “variables incontrolables”. Como resultado, cada vez más capital a largo plazo entra de forma sistemática en el mercado, aumentando tanto en profundidad como en escala de despliegue, y los activos criptográficos se integran progresivamente en sistemas de asignación de activos más amplios.
Lo más importante es que la normalización regulatoria ha cambiado la lógica competitiva a nivel empresarial y de protocolos. La profunda influencia de la normalización regulatoria radica en la reestructuración de la organización industrial.
A medida que las exigencias regulatorias se implementan progresivamente en emisión, negociación, gestión de activos y liquidación, la industria de criptomonedas muestra una tendencia creciente a la concentración y la plataforma. Más productos se emiten y distribuyen en plataformas regulatorias, y las actividades de negociación se concentran en lugares con licencias y bases regulatorias.
Esta tendencia no implica la desaparición del concepto de descentralización. Significa que la “entrada” en la formación y el flujo de capital se está reorganizando.
La emisión de tokens evoluciona de ventas P2P desorganizadas a procesos más estandarizados y cercanos a los mercados de capital tradicionales. Esto configura una nueva forma de “mercado de capital en internet”.
Dentro de este sistema, la emisión, divulgación, períodos de bloqueo, distribución y liquidez secundaria se integran de manera más estrecha. Las expectativas de riesgo y rentabilidad de los participantes del mercado también se vuelven más estables.
Estos cambios en la organización industrial se reflejan directamente en los métodos de valoración de activos.
En ciclos anteriores, la valoración de activos criptográficos dependía en gran medida de la narrativa, el crecimiento de usuarios y el TVL. La consideración de aspectos institucionales y legales era relativamente limitada.
A partir de 2026, con la regulación como restricción cuantificable, los modelos de valoración empiezan a incorporar nuevas dimensiones. La participación de capital regulatorio, los costes regulatorios, la estabilidad de la estructura legal, la transparencia de las reservas y el acceso a canales regulatorios se convierten en variables clave que influyen en la valoración de los activos.
En otras palabras, el mercado empieza a otorgar “prima institucional” o “descuento institucional” a diferentes proyectos y plataformas.
Aquellos que operan de manera eficiente dentro del marco regulatorio y pueden internalizar los requisitos regulatorios como ventajas operativas, suelen acceder a financiamiento con costes de capital más bajos. Los modelos que dependen de arbitrajes regulatorios o de la ambigüedad institucional enfrentan riesgos de valoración comprimida o incluso marginación.
Conclusión: un nuevo paradigma impulsado por tres cambios
El punto de inflexión del mercado de criptomonedas en 2025 se produce esencialmente por la ocurrencia simultánea de tres cambios.
Primero, el capital se desplaza de los particulares a las instituciones.
Segundo, los activos se estructuran en narrativas y en un sistema de dólares en cadena(stablecoins + RWA).
Tercero, las reglas pasan de zonas grises a regulaciones normalizadas.
Estos tres aspectos elevan a las criptomonedas de “activos de alta volatilidad y especulación” a “infraestructura financiera modelable”.
De cara a 2026, la investigación y la inversión deben centrarse en tres variables clave.
Primero, la intensidad de la transmisión de las tasas de interés y la liquidez macroeconómica a las criptomonedas. Con la entrada de capital institucional, los cambios en las tasas de interés se convierten en variables que mueven directamente el mercado.
Segundo, la diferenciación en la calidad del dólar en cadena y la sostenibilidad de las rentas reales. Las diferencias entre stablecoins y RWA influirán en las decisiones de inversión.
Tercero, la barrera institucional formada por costes regulatorios y capacidades de distribución. La capacidad de cumplir con la regulación se convierte en una nueva fuente de ventaja competitiva.
En este nuevo paradigma, los proyectos que triunfen no serán los que mejor cuenten su historia, sino aquellos que puedan expandirse continuamente en un entorno de restricciones en capital, rentas y reglas, y que puedan convertirse en infraestructuras y activos sostenibles.
Esta página puede contener contenido de terceros, que se proporciona únicamente con fines informativos (sin garantías ni declaraciones) y no debe considerarse como un respaldo por parte de Gate a las opiniones expresadas ni como asesoramiento financiero o profesional. Consulte el Descargo de responsabilidad para obtener más detalles.
2025년 구조 de mercado de criptomonedas: institucionalización, sistema de dólares en cadena y normalización regulatoria transforman activos especulativos limitados en infraestructura
1ª parte: Después de convertirse en inversor institucional, ¿cómo ha cambiado el mercado?
El cambio más destacado en el mercado de criptomonedas en 2025 es uno: quién mueve este mercado ha cambiado 180 grados.
Al principio, el mercado de criptomonedas estaba liderado por inversores particulares y capital especulativo a corto plazo. Su lógica de negociación era simple: el entusiasmo en las redes sociales, las nuevas narrativas, los indicadores de actividad en la cadena. La emoción determinaba los precios, el FOMO era el combustible de los mercados alcistas y las ventas en pánico aceleraban las bajadas. En este tipo de mercado, activos como Bitcoin y Ethereum experimentaban subidas abruptas y caídas intensas, y los ciclos del mercado estaban dictados por las emociones, no por el tamaño del capital.
Pero desde 2024, la situación empezó a cambiar. La aprobación y operación normalizada del ETF de Bitcoin en EE. UU. supuso un punto de inflexión. El ETF no era solo una herramienta de negociación. Abrió por primera vez un camino legal y estandarizado para que grandes capitales institucionales entraran en los activos criptográficos. A diferencia de las “vías alternativas” como fideicomisos, futuros y gestión en cadena, el ETF redujo drásticamente los costes operativos y las barreras regulatorias de entrada.
Para 2025, el capital institucional ya no está en “fase de prueba”. Continúan acumulando posiciones a través de ETF y productos de gestión de activos regulados, y gradualmente se están convirtiendo en los compradores marginales(marginal buyer) del mercado.
El núcleo de este cambio no radica en el tamaño del capital, sino en su naturaleza. La nueva demanda del mercado ha pasado de inversores particulares impulsados por la emoción a inversores institucionales que siguen una lógica de asignación de activos.
La primera característica del capital institucional es que sus operaciones son menos frecuentes y mantienen las posiciones durante más tiempo. Mientras que los inversores particulares reaccionan rápidamente a las variaciones de precios a corto plazo, las decisiones de fondos de pensiones, fondos soberanos, family offices y grandes hedge funds pasan por revisiones del comité de inversión, evaluaciones de gestión de riesgos y revisiones regulatorias. Esta estructura de toma de decisiones esencialmente inhibe las operaciones impulsivas.
Como resultado, la proporción de operaciones de alta frecuencia y corto plazo en el volumen total del mercado ha disminuido. La tendencia de los precios refleja ahora más la dirección de la asignación de capital que las emociones inmediatas. Esto se refleja directamente en la estructura de la volatilidad. Aunque los precios todavía se ajustan a macrotemas o eventos sistémicos, la amplitud de las variaciones extremas impulsadas por la emoción se ha reducido notablemente. Esto es especialmente evidente en Bitcoin y Ethereum, donde la liquidez es más profunda.
En conjunto, el mercado ahora presenta una “orden estática” más cercana a los activos tradicionales. Los movimientos de precios ya no dependen únicamente de saltos narrativos, sino que se mueven cada vez más en un entorno de restricciones de capital y precios macroeconómicos.
La segunda característica del capital institucional es su alta sensibilidad a variables macroeconómicas. El objetivo de la inversión institucional no es obtener rentabilidad absoluta, sino optimizar la rentabilidad ajustada al riesgo. Esto implica que el comportamiento de los precios de los activos criptográficos está cada vez más influenciado por el entorno macroeconómico.
En el sistema financiero tradicional, las tasas de interés, la restricción de liquidez, los cambios en la preferencia por el riesgo y las condiciones de arbitraje entre activos son variables clave que guían los ajustes de posición de los inversores institucionales. Cuando estas lógicas se aplican al mercado de criptomonedas, en 2025 la influencia de los cambios en las expectativas de tasas de interés sobre Bitcoin y el conjunto de activos criptográficos se ha intensificado notablemente. Cada vez que la Reserva Federal(Fed) ajusta su política de tasas, también se reevaluan las asignaciones de activos criptográficos institucionales. Esto no refleja una pérdida de confianza en la narrativa criptográfica, sino un recálculo del coste de oportunidad y del riesgo en la cartera.
En resumen, el proceso por el cual las instituciones se convierten en los compradores marginales del mercado en 2025 significa que los activos criptográficos están evolucionando de una fase de “impulso narrativo y valoración emocional” a una de “dinámica de liquidez y valoración macro”.
La caída de la volatilidad no implica la desaparición del riesgo. Al contrario, la fuente del riesgo se ha desplazado. De impactos emocionales internos a una sensibilidad a las tasas macro, la liquidez y la preferencia por el riesgo.
El marco analítico de 2026 debe ser fundamentalmente reconfigurado. Hay que dejar atrás el enfoque en indicadores en cadena y cambios narrativos, y avanzar hacia estudios sistemáticos sobre la estructura del capital, las restricciones en el comportamiento institucional y los mecanismos de transmisión macroeconómica. El mercado de criptomonedas ya forma parte del sistema global de asignación de activos. Los precios dejan de ser solo respuestas a “lo que dice el mercado” y reflejan cada vez más “cómo el capital asigna riesgos”.
2ª parte: La maduración del sistema de dólares en cadena—las stablecoins se convierten en infraestructura y los RWA llevan rentabilidad en cadena
Si la respuesta a quién compra activos criptográficos es la maduración de las stablecoins y los RWA, la pregunta más fundamental es “qué se compra, con qué se paga y de dónde proviene la rentabilidad”.
En 2025, el mercado de criptomonedas ha dado un salto importante de “experimentos financieros en torno a las criptomonedas” a un “sistema financiero en dólares en cadena”.
Las stablecoins ya no son solo un medio de negociación o un refugio. Ahora son la referencia de pago y la base para la valoración en todo el sistema económico en cadena. Al mismo tiempo, la realización masiva de RWA centrados en bonos del Tesoro de EE. UU. en cadena ha creado, por primera vez, un ancla para rentas sostenibles y monitorizables de bajo riesgo en cadena. Esto ha cambiado radicalmente la estructura de rentabilidad y la lógica de valoración del riesgo en DeFi.
El papel funcional de las stablecoins en 2025 marca un punto de inflexión claro. Ahora cumplen varias funciones: pagos transfronterizos, valoración de pares comerciales, liquidez en DeFi, y canales de entrada y salida para fondos institucionales. En exchanges centralizados, protocolos descentralizados, RWA, derivados y sistemas de pago, las stablecoins constituyen la base del flujo de fondos.
Los datos de volumen de operaciones en cadena muestran claramente que las stablecoins se han convertido en una extensión importante del sistema de dólares global. El volumen anual de transacciones en cadena alcanza decenas de billones de dólares, superando con creces la mayoría de los sistemas de pago de países individuales. En 2025, blockchain cumple por primera vez un papel de “verdadera red funcional de dólares”.
La adopción generalizada de las stablecoins ha transformado la estructura de riesgo del finanzas en cadena. Tras convertirse en la unidad básica de valoración, los participantes del mercado pueden realizar transacciones, préstamos y asignaciones de activos sin exposición directa a la volatilidad de los precios de los activos criptográficos. Esto ha reducido significativamente las barreras de entrada.
Esto es especialmente importante para los inversores institucionales. Estas instituciones no buscan principalmente rentas altas y volátiles. Valoraron mucho más los flujos de caja previsibles y las fuentes de rentabilidad controlables. La maduración de las stablecoins permite a las instituciones obtener exposición en cadena en dólares, evitando riesgos de precios en criptomonedas en el sentido tradicional. Esto sienta las bases para la expansión de RWA y productos de rentabilidad.
En este contexto, la realización masiva de RWA, especialmente de bonos del Tesoro en cadena, se ha convertido en uno de los avances estructurales más relevantes de 2025.
A diferencia de los intentos iniciales de “activos sintéticos” o “mapeo de rentas”, en 2025 los RWA comienzan a introducir en cadena activos reales de bajo riesgo, más cercanos a la emisión de activos financieros tradicionales. Los bonos del Tesoro en cadena ya no son solo una narrativa conceptual. Existen en formas monitorizables, rastreables y combinables, con fuentes de flujo de caja claras, estructuras de vencimiento definidas y una conexión directa con la curva de tipos sin riesgo del sistema financiero tradicional.
Pero junto con la rápida expansión de las stablecoins y los RWA, en 2025 también emerge otra cara del sistema de dólares en cadena: su vulnerabilidad potencial a fallos sistémicos.
Especialmente en los ámbitos de stablecoins de rentabilidad y algoritmos, se han producido varias rupturas y colapsos. Estos fracasos no son incidentes aislados, sino que reflejan problemas estructurales comunes: apalancamiento implícito por garantías recursivas, opacidad en las estructuras de colateral, alta concentración del riesgo.
Cuando las stablecoins no solo respaldan bonos a corto plazo o equivalentes en efectivo, sino que buscan mayores rentas mediante estrategias complejas en DeFi, su estabilidad ya no proviene solo de los activos en sí. Se basa en la suposición implícita de que el mercado seguirá prosperando. Cuando esa suposición se rompe, la desconexión puede derivar en shocks sistémicos en lugar de simples movimientos técnicos.
Los eventos de 2025 muestran que el riesgo de las stablecoins no radica en si son “estables”, sino en si la fuente de esa estabilidad puede ser claramente identificada y monitorizada.
Las stablecoins de rentabilidad pueden ofrecer rentas mucho más altas que las tasas libres de riesgo a corto plazo, pero esas rentas a menudo dependen de apalancamiento y desajustes de liquidez. El riesgo no está bien valorado. Cuando los participantes consideran estos productos como “equivalentes en efectivo”, el riesgo se amplifica sistémicamente.
Este fenómeno obliga a revisar el papel de las stablecoins. ¿Son solo instrumentos de pago y liquidación, o productos financieros con estrategias de alto riesgo? Esa cuestión, por primera vez en 2025, se plantea en términos de coste real.
De cara a 2026, la investigación debe centrarse en algo más que en si las stablecoins y los RWA seguirán creciendo. La expansión del sistema de dólares en cadena es casi irreversible.
La verdadera pregunta clave es la “diferenciación de calidad”. Las diferencias en la transparencia de los colaterales, las estructuras de vencimiento, la separación de riesgos y el cumplimiento regulatorio entre diferentes stablecoins influirán directamente en el coste de capital y en los casos de uso. Igualmente, las diferencias en la estructura legal, los mecanismos de pago y la estabilidad de rentas de diferentes productos RWA determinarán si pueden ser utilizados en asignaciones de activos a nivel institucional.
Lo que se puede prever es que el sistema de dólares en cadena dejará de ser un mercado homogéneo y se estructurará en capas claras. Los productos con alta transparencia, bajo riesgo y fuerte regulación tendrán costes de capital más bajos y mayor adopción. Los productos que dependan de estrategias complejas y apalancamiento implícito tenderán a marginarse o desaparecer progresivamente.
Desde una perspectiva macro, la maduración de las stablecoins y los RWA significa que el mercado de criptomonedas se ha integrado realmente en el sistema financiero global en dólares. La cadena ya no es solo un laboratorio de experimentación de valor, sino una extensión de la liquidez en dólares, la curva de rentas y la lógica de asignación de activos. Este cambio se ve impulsado por la entrada de capital institucional y la normalización del entorno regulatorio, que juntos llevan a la industria de las criptomonedas desde la especulación cíclica hacia una infraestructura estable y en crecimiento.
3ª parte: Normalización regulatoria—las normativas se convierten en murallas y reorganizan la evaluación y la estructura industrial
En 2025, la regulación global de criptomonedas entra en una fase de normalización. Esto no se limita a leyes o incidentes regulatorios específicos, sino que refleja un cambio fundamental en la “hipótesis de supervivencia” de toda la industria.
Durante los años anteriores, el mercado de criptomonedas operó en un entorno institucional de alta incertidumbre. La cuestión central no era el crecimiento ni la eficiencia, sino “si esta industria puede existir”.
La incertidumbre regulatoria se consideraba un riesgo sistémico. Al entrar en el mercado, los capitales debían dejar un margen para posibles shocks regulatorios, riesgos de ejecución y cambios en las políticas.
En 2025, esta problemática, que había quedado sin resolver durante mucho tiempo, empieza a resolverse de forma gradual. La formación de marcos regulatorios relativamente claros y viables en las principales jurisdicciones de Europa y Asia-Pacífico ha cambiado el foco del “¿puede existir?” al “¿puede expandirse bajo cumplimiento regulatorio?”. Este cambio ha tenido profundas implicaciones en la conducta del capital, los modelos de negocio y la valoración de activos.
La clarificación regulatoria ha reducido significativamente las barreras institucionales para que las instituciones accedan al mercado de criptomonedas. La incertidumbre en sí misma es un coste para el capital institucional. La ambigüedad regulatoria a menudo implica riesgos de cola no cuantificables.
A medida que en 2025 los principales hitos como las stablecoins, ETF, gestión de activos y plataformas de negociación se enmarcan en ámbitos regulatorios cada vez más claros, las instituciones finalmente pueden evaluar riesgos y rentabilidades en los activos criptográficos dentro de los marcos regulatorios existentes.
Este cambio no significa que la regulación sea laxa. Significa que ahora es más previsible. La previsibilidad en sí misma es una condición previa para la entrada masiva de capital.
Con límites regulatorios claros, las instituciones pueden aceptar estas restricciones a través de sus procesos internos, estructuras legales y modelos de riesgo. No es necesario considerarlas “variables incontrolables”. Como resultado, cada vez más capital a largo plazo entra de forma sistemática en el mercado, aumentando tanto en profundidad como en escala de despliegue, y los activos criptográficos se integran progresivamente en sistemas de asignación de activos más amplios.
Lo más importante es que la normalización regulatoria ha cambiado la lógica competitiva a nivel empresarial y de protocolos. La profunda influencia de la normalización regulatoria radica en la reestructuración de la organización industrial.
A medida que las exigencias regulatorias se implementan progresivamente en emisión, negociación, gestión de activos y liquidación, la industria de criptomonedas muestra una tendencia creciente a la concentración y la plataforma. Más productos se emiten y distribuyen en plataformas regulatorias, y las actividades de negociación se concentran en lugares con licencias y bases regulatorias.
Esta tendencia no implica la desaparición del concepto de descentralización. Significa que la “entrada” en la formación y el flujo de capital se está reorganizando.
La emisión de tokens evoluciona de ventas P2P desorganizadas a procesos más estandarizados y cercanos a los mercados de capital tradicionales. Esto configura una nueva forma de “mercado de capital en internet”.
Dentro de este sistema, la emisión, divulgación, períodos de bloqueo, distribución y liquidez secundaria se integran de manera más estrecha. Las expectativas de riesgo y rentabilidad de los participantes del mercado también se vuelven más estables.
Estos cambios en la organización industrial se reflejan directamente en los métodos de valoración de activos.
En ciclos anteriores, la valoración de activos criptográficos dependía en gran medida de la narrativa, el crecimiento de usuarios y el TVL. La consideración de aspectos institucionales y legales era relativamente limitada.
A partir de 2026, con la regulación como restricción cuantificable, los modelos de valoración empiezan a incorporar nuevas dimensiones. La participación de capital regulatorio, los costes regulatorios, la estabilidad de la estructura legal, la transparencia de las reservas y el acceso a canales regulatorios se convierten en variables clave que influyen en la valoración de los activos.
En otras palabras, el mercado empieza a otorgar “prima institucional” o “descuento institucional” a diferentes proyectos y plataformas.
Aquellos que operan de manera eficiente dentro del marco regulatorio y pueden internalizar los requisitos regulatorios como ventajas operativas, suelen acceder a financiamiento con costes de capital más bajos. Los modelos que dependen de arbitrajes regulatorios o de la ambigüedad institucional enfrentan riesgos de valoración comprimida o incluso marginación.
Conclusión: un nuevo paradigma impulsado por tres cambios
El punto de inflexión del mercado de criptomonedas en 2025 se produce esencialmente por la ocurrencia simultánea de tres cambios.
Primero, el capital se desplaza de los particulares a las instituciones. Segundo, los activos se estructuran en narrativas y en un sistema de dólares en cadena(stablecoins + RWA). Tercero, las reglas pasan de zonas grises a regulaciones normalizadas.
Estos tres aspectos elevan a las criptomonedas de “activos de alta volatilidad y especulación” a “infraestructura financiera modelable”.
De cara a 2026, la investigación y la inversión deben centrarse en tres variables clave.
Primero, la intensidad de la transmisión de las tasas de interés y la liquidez macroeconómica a las criptomonedas. Con la entrada de capital institucional, los cambios en las tasas de interés se convierten en variables que mueven directamente el mercado.
Segundo, la diferenciación en la calidad del dólar en cadena y la sostenibilidad de las rentas reales. Las diferencias entre stablecoins y RWA influirán en las decisiones de inversión.
Tercero, la barrera institucional formada por costes regulatorios y capacidades de distribución. La capacidad de cumplir con la regulación se convierte en una nueva fuente de ventaja competitiva.
En este nuevo paradigma, los proyectos que triunfen no serán los que mejor cuenten su historia, sino aquellos que puedan expandirse continuamente en un entorno de restricciones en capital, rentas y reglas, y que puedan convertirse en infraestructuras y activos sostenibles.