Cuando inviertes en acciones, muchos principiantes solo saben “comprar acciones”, pero no tienen claro qué están comprando realmente. En realidad, las acciones emitidas por las empresas no son todas iguales; los derechos y beneficios de los accionistas comunes y preferentes son muy diferentes. Elegir mal puede convertir una inversión de alto rendimiento en una gestión conservadora.
Dos tipos de acciones, dos formas de jugar
Las empresas emiten principalmente dos tipos de acciones, cada una con reglas de juego distintas.
Acciones ordinarias son las acciones en el sentido tradicional. Los titulares tienen derecho a voto y pueden participar en decisiones importantes de la empresa (como la elección de directores). Pero los beneficios no son estables: cuando la empresa gana dinero, tus dividendos pueden ser abundantes; en pérdidas, quizás no recibas nada. En caso de quiebra y liquidación, los accionistas ordinarios son los últimos en recibir dinero.
Acciones preferentes siguen una “ruta estable”. Su característica principal es que los dividendos son fijos o se pagan según un porcentaje establecido, sin variar con las fluctuaciones del negocio. La desventaja es que generalmente no otorgan derechos de voto. Pero en caso de quiebra, los accionistas preferentes tienen prioridad sobre los ordinarios para recibir compensación.
En resumen: las acciones ordinarias son una “apuesta al crecimiento de la empresa”, las preferentes buscan “flujo de caja estable”.
Los diferentes rostros de las acciones preferentes
Aunque parecen simples, las acciones preferentes tienen varias variantes:
Acciones preferentes acumulativas: si en un año la empresa no reparte dividendos, estos se acumulan para ser pagados en años posteriores. No acumulativas son diferentes: los dividendos no pagados se pierden permanentemente.
Acciones preferentes convertibles: pueden convertirse en acciones ordinarias bajo ciertas condiciones, ideales para inversores que buscan “seguridad + crecimiento”.
Acciones preferentes redimibles: la empresa puede recomprarlas pagando un precio acordado en ciertas condiciones.
Acciones preferentes participativas: cuando la empresa obtiene grandes ganancias, los dividendos de este tipo aumentan en consecuencia.
Las diferencias en derechos entre accionistas comunes y preferentes también se reflejan en la liquidez: las preferentes suelen tener restricciones de mercado, posibles limitaciones para vender o cláusulas especiales. Pero esto también explica por qué sus dividendos suelen ser más seguros.
Los datos hablan: comparación histórica
Ver el rendimiento real en el mercado estadounidense lo deja claro. En los últimos 5 años, el índice S&P 500 (que sigue principalmente acciones ordinarias) subió un 57.60%, mientras que el índice S&P de Acciones Preferentes de EE. UU. solo subió un -18.05%.
La diferencia es enorme, y esto se debe a las políticas de tasas de interés. La característica de rendimiento fijo de las acciones preferentes las hace sensibles a las tasas: cuando suben, su precio cae. Las acciones ordinarias, en cambio, están más influenciadas por los fundamentos de la empresa y el sentimiento del mercado.
¿Cuál elegir? Depende de quién seas tú
¿Para quién son las acciones ordinarias?
Para quienes aún son jóvenes, pueden soportar la volatilidad del mercado e incluso esperan ganancias en montaña rusa. Su objetivo es acumular riqueza en 20, 30 años, sin temer pérdidas a corto plazo. Este tipo de inversores suele estar en la fase ascendente de su carrera, con ingresos estables que los respaldan.
¿Para quién son las acciones preferentes?
Para quienes valoran ingresos estables cada año y prefieren no perder dinero. Quizás estás cerca de la jubilación o tienes una capacidad limitada para asumir riesgos. Estás dispuesto a renunciar a la oportunidad de enriquecerte rápidamente a cambio de dividendos seguros.
También puedes usar una estrategia mixta: buscar crecimiento a largo plazo con acciones ordinarias y usar las preferentes para proporcionar un flujo de caja que sirva de amortiguador, logrando un portafolio más equilibrado.
Cómo comprar estos dos tipos de acciones
El proceso en realidad es similar:
Elegir un corredor de bolsa confiable — esto es fundamental, ya que afecta la seguridad de tu dinero.
Abrir cuenta y depositar fondos — enviar información de identidad y realizar el primer depósito.
Investigar — estudiar los datos financieros de las empresas en las que quieres invertir, el panorama del sector, el rendimiento histórico de las acciones.
Realizar la orden — elegir “orden de mercado” (comprar al precio actual) o “orden limitada” (fijar el precio que deseas pagar).
Alternativa: operar con CFD — si quieres especular en lugar de mantener, puedes hacerlo mediante contratos por diferencia(CFD) sobre estas acciones, solo debes seguir las variaciones de precio, sin poseer realmente las acciones. Pero esta opción conlleva mayor riesgo, requiere soporte de un corredor y suficiente liquidez en el mercado.
La mentalidad de inversión en acciones ordinarias y preferentes
Los inversores en acciones ordinarias deben tener una mentalidad a largo plazo. No te alarmes por pérdidas temporales; las fluctuaciones del mercado son normales. Revisa tu portafolio periódicamente, pero evita hacer transacciones frecuentes.
Los inversores en acciones preferentes deben estar atentos a las tasas de interés. Los cambios en la política del banco central afectarán directamente tus rendimientos. También vigila la calificación crediticia de la empresa emisora, ya que el rendimiento fijo depende de que la empresa no incumpla.
La última recomendación
No pongas todos los huevos en una sola cesta. Las acciones ordinarias y preferentes tienen sus ventajas y desventajas; usarlas en conjunto es lo más recomendable. Según tu edad, situación financiera y tolerancia al riesgo, encuentra la proporción que te convenga.
El mercado cambia, y tu estrategia también debe ajustarse. Revisa periódicamente el rendimiento de tus inversiones y, si no cumple con tus expectativas, optimiza a tiempo. Recuerda: no existe una inversión perfecta, solo la que se adapta a ti.
Ver originales
Esta página puede contener contenido de terceros, que se proporciona únicamente con fines informativos (sin garantías ni declaraciones) y no debe considerarse como un respaldo por parte de Gate a las opiniones expresadas ni como asesoramiento financiero o profesional. Consulte el Descargo de responsabilidad para obtener más detalles.
Acciones ordinarias vs acciones preferentes: las dos vías que los inversores deben conocer
Cuando inviertes en acciones, muchos principiantes solo saben “comprar acciones”, pero no tienen claro qué están comprando realmente. En realidad, las acciones emitidas por las empresas no son todas iguales; los derechos y beneficios de los accionistas comunes y preferentes son muy diferentes. Elegir mal puede convertir una inversión de alto rendimiento en una gestión conservadora.
Dos tipos de acciones, dos formas de jugar
Las empresas emiten principalmente dos tipos de acciones, cada una con reglas de juego distintas.
Acciones ordinarias son las acciones en el sentido tradicional. Los titulares tienen derecho a voto y pueden participar en decisiones importantes de la empresa (como la elección de directores). Pero los beneficios no son estables: cuando la empresa gana dinero, tus dividendos pueden ser abundantes; en pérdidas, quizás no recibas nada. En caso de quiebra y liquidación, los accionistas ordinarios son los últimos en recibir dinero.
Acciones preferentes siguen una “ruta estable”. Su característica principal es que los dividendos son fijos o se pagan según un porcentaje establecido, sin variar con las fluctuaciones del negocio. La desventaja es que generalmente no otorgan derechos de voto. Pero en caso de quiebra, los accionistas preferentes tienen prioridad sobre los ordinarios para recibir compensación.
En resumen: las acciones ordinarias son una “apuesta al crecimiento de la empresa”, las preferentes buscan “flujo de caja estable”.
Los diferentes rostros de las acciones preferentes
Aunque parecen simples, las acciones preferentes tienen varias variantes:
Acciones preferentes acumulativas: si en un año la empresa no reparte dividendos, estos se acumulan para ser pagados en años posteriores. No acumulativas son diferentes: los dividendos no pagados se pierden permanentemente.
Acciones preferentes convertibles: pueden convertirse en acciones ordinarias bajo ciertas condiciones, ideales para inversores que buscan “seguridad + crecimiento”.
Acciones preferentes redimibles: la empresa puede recomprarlas pagando un precio acordado en ciertas condiciones.
Acciones preferentes participativas: cuando la empresa obtiene grandes ganancias, los dividendos de este tipo aumentan en consecuencia.
Las diferencias en derechos entre accionistas comunes y preferentes también se reflejan en la liquidez: las preferentes suelen tener restricciones de mercado, posibles limitaciones para vender o cláusulas especiales. Pero esto también explica por qué sus dividendos suelen ser más seguros.
Los datos hablan: comparación histórica
Ver el rendimiento real en el mercado estadounidense lo deja claro. En los últimos 5 años, el índice S&P 500 (que sigue principalmente acciones ordinarias) subió un 57.60%, mientras que el índice S&P de Acciones Preferentes de EE. UU. solo subió un -18.05%.
La diferencia es enorme, y esto se debe a las políticas de tasas de interés. La característica de rendimiento fijo de las acciones preferentes las hace sensibles a las tasas: cuando suben, su precio cae. Las acciones ordinarias, en cambio, están más influenciadas por los fundamentos de la empresa y el sentimiento del mercado.
¿Cuál elegir? Depende de quién seas tú
¿Para quién son las acciones ordinarias?
Para quienes aún son jóvenes, pueden soportar la volatilidad del mercado e incluso esperan ganancias en montaña rusa. Su objetivo es acumular riqueza en 20, 30 años, sin temer pérdidas a corto plazo. Este tipo de inversores suele estar en la fase ascendente de su carrera, con ingresos estables que los respaldan.
¿Para quién son las acciones preferentes?
Para quienes valoran ingresos estables cada año y prefieren no perder dinero. Quizás estás cerca de la jubilación o tienes una capacidad limitada para asumir riesgos. Estás dispuesto a renunciar a la oportunidad de enriquecerte rápidamente a cambio de dividendos seguros.
También puedes usar una estrategia mixta: buscar crecimiento a largo plazo con acciones ordinarias y usar las preferentes para proporcionar un flujo de caja que sirva de amortiguador, logrando un portafolio más equilibrado.
Cómo comprar estos dos tipos de acciones
El proceso en realidad es similar:
Elegir un corredor de bolsa confiable — esto es fundamental, ya que afecta la seguridad de tu dinero.
Abrir cuenta y depositar fondos — enviar información de identidad y realizar el primer depósito.
Investigar — estudiar los datos financieros de las empresas en las que quieres invertir, el panorama del sector, el rendimiento histórico de las acciones.
Realizar la orden — elegir “orden de mercado” (comprar al precio actual) o “orden limitada” (fijar el precio que deseas pagar).
Alternativa: operar con CFD — si quieres especular en lugar de mantener, puedes hacerlo mediante contratos por diferencia(CFD) sobre estas acciones, solo debes seguir las variaciones de precio, sin poseer realmente las acciones. Pero esta opción conlleva mayor riesgo, requiere soporte de un corredor y suficiente liquidez en el mercado.
La mentalidad de inversión en acciones ordinarias y preferentes
Los inversores en acciones ordinarias deben tener una mentalidad a largo plazo. No te alarmes por pérdidas temporales; las fluctuaciones del mercado son normales. Revisa tu portafolio periódicamente, pero evita hacer transacciones frecuentes.
Los inversores en acciones preferentes deben estar atentos a las tasas de interés. Los cambios en la política del banco central afectarán directamente tus rendimientos. También vigila la calificación crediticia de la empresa emisora, ya que el rendimiento fijo depende de que la empresa no incumpla.
La última recomendación
No pongas todos los huevos en una sola cesta. Las acciones ordinarias y preferentes tienen sus ventajas y desventajas; usarlas en conjunto es lo más recomendable. Según tu edad, situación financiera y tolerancia al riesgo, encuentra la proporción que te convenga.
El mercado cambia, y tu estrategia también debe ajustarse. Revisa periódicamente el rendimiento de tus inversiones y, si no cumple con tus expectativas, optimiza a tiempo. Recuerda: no existe una inversión perfecta, solo la que se adapta a ti.