La historia de la desaparición de la moneda petrolera, un reflejo del fracaso de Venezuela

Escrito por: DeepChao TechFlow

El 3 de enero de 2026, las fuerzas armadas estadounidenses lanzaron un “ataque masivo” contra Venezuela, y el presidente venezolano Maduro fue arrestado rápidamente y trasladado.

Algunos comentaron: “Un que emitió Memecoin arrestó a quien emitió RWA Token”. Y eso es exactamente lo que ocurrió.

El 20 de febrero de 2018, el presidente venezolano Maduro anunció en un discurso televisado la emisión de la primera moneda digital respaldada por un Estado soberano en el mundo, el Petro.

En ese momento, Venezuela atravesaba la crisis económica más grave de su historia, con una inflación que alcanzó casi el 1,000,000% (no es broma), y su moneda nacional, el bolívar, se devaluaba como papel, mientras las sanciones severas de EE. UU. agravaban aún más la situación de este país petrolero en Sudamérica.

Maduro confiaba en que esta moneda digital sería la última esperanza para salvar al país.

Sin embargo, a principios de 2024, cuando el gobierno venezolano silenciosamente dejó de operar el Petro, el mundo ni siquiera mostró sorpresa.

Este símbolo digital, alguna vez considerado como la “primera criptomoneda soberana del mundo”, en su breve existencia, casi nunca llegó a “vivir”. Su fin fue como el silencioso final de una obra teatral ruidosa, poniendo punto final a una historia de realismo mágico sobre tecnología blockchain, soberanía nacional y colapso económico.

El destino del Petro refleja un colapso total del sistema de gobernanza del país.

Sobre sus ruinas, nació el Petro

Para entender el Petro, primero hay que comprender Venezuela antes de su creación.

Era un país abrasado por una inflación galopante, donde el valor de la antigua moneda, el bolívar, se evaporaba por horas, y los ahorros de toda una vida se reducían a nada en una noche. Al mismo tiempo, las severas sanciones financieras de EE. UU. funcionaban como una soga invisible que apretaba la economía venezolana, aislándola casi por completo del sistema financiero global.

Fue en este escenario de devastación económica donde surgió el Petro, con la misión casi imposible de “salvar la nación”.

Su plan era ambicioso y seductor.

Primero, el Petro buscaba sortear el sistema financiero internacional dominado por el dólar, abriendo una nueva vía de financiamiento y pagos mediante blockchain; segundo, afirmaba que cada Petro estaba respaldado por un barril de petróleo real, con un total de 100 millones de tokens, valorados en 60 mil millones de dólares.

En agosto de 2018, Venezuela oficializó el Petro como su segunda moneda oficial, coexistiendo con el ya maltrecho bolívar.

El gobierno de Maduro promovió el Petro sin precedentes.

Se pagó pensiones a jubilados en Petro, y los bonos navideños de funcionarios y militares también se entregaron en esta moneda digital. Incluso, a finales de 2019, Maduro transmitió en vivo por televisión que “regaló” 0.5 Petro a todos los jubilados del país como regalo navideño.

Además de la promoción interna, Venezuela intentó convencer a más países de usar el Petro.

La revista Time reveló que el Petro contó con la aprobación personal de Putin, y Rusia envió dos asesores para participar en el diseño del proyecto. Rusia prometió invertir en el Petro y consideró usar esta moneda digital para liquidar comercio bilateral, en un intento de desafiar la hegemonía del dólar.

Venezuela también buscó extender el Petro a los países miembros de la OPEP, con la esperanza de crear un sistema de comercio petrolero desdolarizado. El ministro de Petróleo, Tareck El Aissami, afirmó públicamente: “El Petro será un medio de pago aceptado por todos los países miembros de la OPEP”.

Para que más personas usaran el Petro, el gobierno de Maduro se convirtió en un proyecto de criptomonedas, construyendo infraestructura completa, ofreciendo tutoriales detallados en su sitio web oficial, e incluso desarrollando cuatro aplicaciones ecológicas, autorizando a las plataformas Cave Blockchain y Bancar, entre otras seis, a vender Petro públicamente.

Pero la realidad pronto golpeó duramente al gobierno de Maduro.

El desdén y las dudas de la población

El fervor del gobierno venezolano por promover el Petro encontró una respuesta fría y generalizada por parte del pueblo.

En la publicación de Maduro en Facebook anunciando la emisión del Petro, la mayoría de los comentarios con más “me gusta” decían: “Increíble que todavía haya gente que apoye a este gobierno tan horrible… están destruyendo el país entero”. Otro comentario popular decía: “El gobierno ya está acostumbrado a que cada tontería termine en fracaso, y a culpar a otros países.”

Gonzalo, un periodista venezolano en Twitter, fue aún más crítico: “El Petro es el narcótico de este país fracasado.”

La experiencia de usuario fue un desastre que aumentó la desconfianza. La inscripción para obtener un Petro era extremadamente estricta, requiriendo subir fotos del DNI, dirección, teléfono, etc., y muchas solicitudes eran rechazadas sin motivo aparente. Incluso quienes lograban registrarse, enfrentaban problemas frecuentes con el sistema “Billetera Patria”, que a menudo no funcionaba.

Lo peor fue la experiencia de pago. Muchos comerciantes reportaron fallos en los pagos con Petro, y el gobierno tuvo que admitir fallas en el sistema y ofrecer compensaciones.

Una venezolana comentó: “Aquí, no sentimos que el Petro exista.”

En el exterior, EE. UU. también tomó medidas precisas contra el Petro.

En marzo de 2018, apenas un mes después de su lanzamiento, Trump firmó una orden ejecutiva que prohibía a los ciudadanos estadounidenses comprar, poseer o comerciar con Petro. El Departamento del Tesoro aclaró en un comunicado que cualquier transacción relacionada con el Petro sería considerada una violación de las sanciones contra Venezuela.

Las sanciones se ampliaron rápidamente. En 2019, EE. UU. sancionó al banco Evrofinance Mosnarbank, con sede en Moscú, por financiar el Petro. El Departamento del Tesoro calificó al Petro como un “fracaso” que intentaba ayudar a Venezuela a evadir las sanciones económicas de EE. UU.

El dinero de la estafa: monedas “airdrop” con apariencia de petróleo

El problema más grave del Petro es que, desde el punto de vista técnico y económico, no tiene sustento alguno.

Una verdadera criptomoneda se basa en la confianza que genera la descentralización. El Petro, en cambio, es una base de datos centralizada controlada completamente por el gobierno.

Para un venezolano común, esto significa que el valor de su Petro en la billetera digital no está determinado por el mercado, sino que puede ser modificado arbitrariamente por una orden presidencial.

El gobierno venezolano afirmó que cada Petro estaba respaldado por un barril de petróleo, proveniente de la región de Ayacucho, en Atapirire, con reservas de 5.3 mil millones de barriles. Pero tras visitar la zona, un reportero de Reuters constató que las carreteras estaban en ruinas, las plataformas oxidadas, y la zona cubierta de maleza, sin señales de una explotación petrolera a gran escala.

El exministro de Petróleo, Rafael Ramírez, en exilio, estimó que para extraer los 5.3 mil millones de barriles prometidos, se necesitarían al menos 20 mil millones de dólares en inversión, algo imposible para un gobierno que apenas puede importar alimentos básicos.

Ramírez afirmó sin rodeos: “El Petro es un valor arbitrario, solo existe en la imaginación del gobierno.”

Aún más absurdo, el gobierno venezolano modificó discretamente los activos que respaldan el Petro, pasando de un respaldo 100% en petróleo a una mezcla de petróleo, oro, hierro y diamantes en proporciones de 50%, 20%, 20% y 10%, respectivamente.

Este tipo de cambios en el “white paper” son considerados malas prácticas incluso en el mundo cripto.

En el plano técnico, también hay serios problemas. Aunque el Petro afirma estar basado en blockchain, los datos en su explorador muestran anomalías extremas. El white paper dice que el Petro debería generar un bloque cada minuto, como Dash, pero en realidad, los bloques se generan cada 15 minutos, y las transacciones en la cadena son casi inexistentes.

A diferencia de Bitcoin y otras criptomonedas descentralizadas, el precio del Petro está completamente controlado por el gobierno. La tasa de cambio inicial era de 1 Petro = 3600 bolívares, y fue ajustada arbitrariamente a 6000, luego a 9000.

Aunque el gobierno anunció un precio oficial de 60 dólares por Petro, en el mercado negro de Caracas, solo se puede cambiar por bienes o dólares en efectivo por un valor inferior a 10 dólares, si se tiene suerte y se encuentra alguien dispuesto a aceptar.

El Petro, en esencia, es una herramienta de control disfrazada de blockchain.

El golpe final: corrupción interna

Si el Petro estuvo vivo solo en una lenta agonía, su última estocada fue un escándalo de corrupción interna de proporciones épicas.

El 20 de marzo de 2023, estalló un “terremoto” en la política venezolana.

El ministro de Petróleo, Tareck El Aissami, anunció repentinamente su renuncia.

Días antes, la policía anticorrupción arrestó a su asistente cercano, Joselit Ramírez Camacho, director de SUNACRIP, la autoridad encargada de regular y operar el Petro.

A medida que avanzaba la investigación, salió a la luz una estafa multimillonaria.

El fiscal Tarek William Saab reveló que algunos altos funcionarios utilizaban la autoridad de SUNACRIP y las empresas petroleras para firmar contratos de carga de petróleo sin control ni garantías, y que los fondos de las ventas petroleras no llegaban a la estatal PDVSA, sino que se transferían a bolsillos privados mediante criptomonedas.

La investigación estimó que la red de corrupción manejaba entre 3 y 20 mil millones de dólares, que se usaron para comprar bienes raíces, criptomonedas y mineros digitales.

En abril de 2024, arrestaron a El Aissami, enfrentando cargos de traición, lavado de dinero y asociación delictiva, y más de 54 personas fueron acusadas por su participación en la trama corrupta.

Este escándalo de corrupción destruyó la industria de las criptomonedas en Venezuela. SUNACRIP fue forzada a suspender operaciones, y el gobierno lanzó una campaña nacional contra la minería, confiscando más de 11,000 ASICs y desconectando todos los mineros del sistema eléctrico estatal.

Para 2024, el gobierno dejó de negociar el Petro, prohibió la minería de criptomonedas en todo el país y cerró todas las plataformas autorizadas. Una industria que en su momento fue promovida con entusiasmo, colapsó por completo ante la corrupción.

El experimento del Petro fracasó rotundamente, no por las sanciones de Washington, sino por su propia corrupción.

Una herramienta diseñada para resistir sanciones externas, terminó siendo un medio para lavar dinero para funcionarios corruptos.

Un reflejo del fracaso de un país

La trayectoria del fracaso del Petro casi replica la lógica del colapso del sistema de gobernanza venezolano.

Es una política de “parche en la herida”. Frente a problemas estructurales profundos, el gobierno opta por crear un espectáculo llamativo, intentando esconder la podredumbre económica real con una ilusión digital. Es como si, ante un edificio inclinado por cimientos dañados, los gestores solo le dieran una mano de pintura brillante a la fachada.

El intento del gobierno de Maduro de resolver los problemas institucionales mediante tecnología es un error en sí mismo. La base del valor de una moneda digital sigue siendo la confianza en su emisor. En un país con una inflación de millones por ciento y donde la vida básica no está garantizada, ¿qué credibilidad puede tener el gobierno? La población ya no confía en su moneda tradicional, ¿cómo aceptarían una moneda digital completamente nueva?

El Petro, en realidad, agotó las últimas reservas de confianza en el gobierno.

Imagina a una jubilada, cuyos ahorros se han diluido por la inflación, y que ahora recibe su pensión en Petro. Ella entra en tiendas, y siempre recibe la misma respuesta: “No aceptamos eso” o “El sistema está caído”.

El problema fundamental de Venezuela radica en su estructura económica. La nación sufre de la llamada “enfermedad de Holanda”: dependencia excesiva del petróleo, que provoca el declive de la manufactura y una economía extremadamente monolítica. Cuando el precio del petróleo cae, toda la economía colapsa. El Petro intentó usar el petróleo como ancla, pero solo aumentó esa dependencia, sin resolver los problemas estructurales.

En la práctica, el gobierno venezolano carece de las capacidades técnicas y operativas básicas para implementar proyectos blockchain. Desde errores en los datos de la cadena, fallos en los sistemas de pago, hasta la arbitrariedad en los mecanismos de precios, cada detalle revela un equipo improvisado, incluso peor que un estudio externo en Shenzhen.

Hoy, el Petro ha desaparecido en la historia, y el “experimento de Maduro para salvar a Venezuela” terminó en un fracaso rotundo. Venezuela sigue en su agujero, y su gente continúa sufriendo en medio de la inflación.

La verdadera salida del país no está en buscar otro “Petro” digital, sino en tener el valor de afrontar la realidad, volver al sentido común y emprender esa transformación que ya debería haberse iniciado pero que resulta sumamente difícil.

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